Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Buscándose aprovechó que la luna, llena, se iba a esconder… Tenía por costumbre no reconocerse como parte de quienes seguían la corriente, tenía por costumbre intentar parecerse a él mismo. La luna estaba llena. La noche era clara y apetecible. Pronto...
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Helena leía a Marx… Ernesto pelaba una manzana paciente y meticulosamente… Amanecía, por tercera vez, desde aquella última despedida. Ambos, Helena y Ernesto, se despedían con frecuencia; de tal manera que alguna vez iba a ser la última para siempre....
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No me gusta cuando callas porque, de tu ausencia en el ruido, se alimentan los que hieren la razón y los que hacen de la esperanza ideas muertas. No te quiero ausente y silenciosa, como la musa de Neruda… No te quiero lejana y sencilla, como una estrella...
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Acompasados ella, él, la lluvia…el susurro del viento en la ventana… el murmullo de las ideas que habitan en los libros que esperan sobre la mesita de noche y un poco por el suelo… Acompasada la melodía que llenaba toda la casa, como una niebla colonizada...
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Elisa tenía las ideas largas y gustaba de combinarlas con faldas cortas. Amaba el sonido azul del cielo y el olor de las letras recién escritas; caminar a la luz de alguna luna y dormir bajo los últimos soles del verano. Odiaba las estaciones d tren sin...
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El sentía que aún hacía pie en el suelo de la juventud; a pesar de los años y de la colateralidad de evidencias que a nadie engañaban… Sentir la juventud, cuando, en apariencia ya no está, es una de esas virtudes que alargan la puesta de sol. La tarde...
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Nos besamos, con el poco amor intacto que conseguimos salvar de los muchos naufragios que llegaron a unirnos… Nos besamos tantas noches y días, seguidos, que el más famoso de los dioses, comenzó a mirarnos mal. Y tan mal nos miró, el buen dios, que decidimos...
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Llevaba , como si fuera una compañía innecesaria, la mirada perdida, para siempre … entre los siempres de todos los días. Se había dejado, sobre la lápida fría de su última decepción, el valor para volver a intentarlo… La vida, llevaba tiempo sin dirigir...
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