Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
No me gusta cuando callas porque, de tu ausencia en el ruido, se alimentan los que hieren la razón y los que hacen de la esperanza ideas muertas.
No te quiero ausente y silenciosa, como la musa de Neruda…
No te quiero lejana y sencilla, como una estrella silenciosa. Te quiero intensa y presente, incómoda y combativa.
No me gusta cuando callas porque de tus silencios viven los motivos que hacen a los que no son “ellas”, los dueños del planeta que tanto “no quieren”…
Te quiero ruidosa-mente placentera, atizando el fuego de lo que es justo, incendiando de reflexiones el camino al futuro.
No me gusta cuando callas, aunque amo el amor, como lo cuenta Neruda , porque, cuando estuviste hecha de silencios, los hombres se hicieron más grandes … sabiéndote muda y desahuciada.
Me gusta cuando gruitas en la calle, cuando te llenas de razones, cuando eres estrella que calienta … cuando eres sol en el universo de planetas prepotentes.
Me gusta cuando callas en la brevedad o el mundo inmenso de un beso o en la inconmensurable lucidez de un pensamiento de esos que cambian el mundo.
José Angel Fernández D.