Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Llevaba , como si fuera una compañía innecesaria, la mirada perdida, para siempre … entre los siempres de todos los días. Se había dejado, sobre la lápida fría de su última decepción, el valor para volver a intentarlo… La vida, llevaba tiempo sin dirigir la palabra a la piel áspera de aquellas esperanzas con las que había nacido y que prometían estar incluidas en su código de serie…
Puede… puede que la culpa tuviera nombre o nombres. Puede que la culpa se hubiera ahogado entre las nieblas densas del tanto errar o del tanto intentar acertar… sin éxito.
Dejó de decir sí, cuando si, se había convertido en una peligrosa puerta abierta a la ruina que venía de fuera. Confesó latidos que algunas pocas veces no eran propios… cuando moría con vidas ajenas, desde dentro de la piel que lo/la contenía. Nada, como salirse de uno mismo, para mirar como mira el mundo que no queremos ver… Nada como no creer en la vuelta que nos ofrece el espejo, para redescubrir la muerte lenta de las lluvias disfrutadas o los ocasos mas bien soñados.
El/ella aprendió a confesarse desarmado cuando decidió no volver a hablar bajo la ducha de las muchas nostalgias, que se caían a borbotones de entre los años que tal vez no valieron las penas. Todo en todo, había leído, sin saber muy bien de qué estaba lleno o vacío ese todo, que nunca miró a los ojos.
La misma noche en que decidió quitarse de la vida, echarse a un lado y dejar pasar a la realidad, arrojarse a su propio vacio… aquella noche se habían cumplido sus dieciocho años de una farsa soportada, sobre la mas fría de las maneras de anular la verdad de las cosas que deberían ser.
Puede que si la razón hubiera llegado a tiempo…es posible que si alguien quisiera escuchar, entender, comprender … tuviera tiempo para contarlo.
José A. Fernández Díaz