Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
El día nuevo, acabado de nacer, la vida de siempre, casi monótona, haciéndose poco a poco o muy deprisa, entre el cielo, la tierra y el mar… todo entre las paredes del pasado y el futuro, jugando a ir del uno al otro. El mundo a lo suyo y el invierno...
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Arde la piel de Adelaida, las muchas veces que se deja acariciar por el señor sol; que, como buen señor que es, de antojos anda más que servido… y sale, el señor sol, cuando la apetencia le llega o las nubes se dejan. Ella sueña que la caricia de la luz,...
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Para las escenas de riesgo en al vida, tenía un doble… aquella mañana el doble se quedó dormido. Cerró el libro, miró desde la primera hasta la última mesa, en línea recta, omitiendo los habitantes de los lados; como siempre levantó la mano derecha ,...
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“Puede que el otoño que viene… puede que cuando de me junten las ganas de volver a morir en ti; puede que siga siendo el yo con el que olvidaste a que sabía la tristeza.”- te dijo antes de irse-… Te hizo reír… reíste, en medio de las lágrimas. Llovía...
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Eludo los debates con las aves que casi nunca están. Prefiero, si me apuras, las golondrinas, porque sé que vuelven. Y cuando vuelven, tienen historias que contar. De mis paseos por la soledad, traigo siempre la sensación de que no encajo bien los prólogos...
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Culpable de madrugar para que el día me dure mas y trasnochar para que las noches me encuentren esperándote. Culpable de saltarme el “toque de quédate” e irme para casi nunca volver. Culpable de volver cuando te estás lavando el pelo con los ojos cerrados...
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La locura de amor es algo así como esas tormentas súbitas y maravillosas, ,que hacen falta y que duran lo que uno no sabe ni espera… Amanecía en París; amanecía en muchos lugares a la vez… amanecía en Madrid, con sus más y sus menos, que hacen de la hora...
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En una fachada de Oporto ¡Cuéntate algo!, - dijo uno de los habituales, mirando fijamente al más viejo de los poetas- El poeta gesticuló, con la cara y, tras vaciar, sin prisa, el, ciertamente efímero, contenido de su copa, comenzó: “Es obligado tener...
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María tenía el mar en su nombre… igual que su madre y aquella abuela materna de la que tantas cosas aprendió y nunca quiso olvidar. Marías las tres, con el mar en el nombre y en las ganas … La abuela María nació y murió, en aquel lugar, donde, entonces,...
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Dejó de consumir esperanzas cuando entendió que se había enganchado a la más cruda de las realidades. Esa actitud, ante la vida, había hecho de él un hombre indiferente… un hombre sin hombre dentro y un mal reflejo exterior de lo que pretendían que fuera...
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