Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
“Puede que el otoño que viene… puede que cuando de me junten las ganas de volver a morir en ti; puede que siga siendo el yo con el que olvidaste a que sabía la tristeza.”- te dijo antes de irse-…
Te hizo reír… reíste, en medio de las lágrimas. Llovía y aquello era, un poco, cosa del invierno y mucho, no nos engañemos, de tu estado de ánimo. Si no fuera porque tu llanto era la culpa de la tristeza, la lluvia hubiera sido otra cosa. Pero, aquel día en que él te hizo reír, llovía y estabas triste. La lluvia sabía a sal, mientras corría por tu cara…
También era otoño. Era otoño, llovía y ,él, intentaba recuperar, de entre las hojas secas, mojadas, sobre el suelo del parque, un poema que el viento había arrancado de sus manos. Te hizo reír y te hizo olvidar. “ Parece que la poesía es una afición peligrosa en estos tiempos de lujurioso racionalismo”.- dijo, ¿recuerdas?. Mientras te miraba, con un gran manojo de hojas chorreando lluvia muerta…
.- ¿Has oído hablar, perfecta desconocida, de la lluvia muerta? –te preguntó-
.-No existe la lluvia muerta - contestaste.
.- Tengo pruebas, mojándome las manos y lo que no son manos… este charco –indicó al suelo invadido por las hojas secas húmedas-, es lluvia muerta. Era lluvia como esa qu moja tu cara, y ahora ¿qué es?...
.- Creo que estas un…
.-¿Poco loco?... sólo un poco. No soy un loco egoísta. No soy egoísta. ¿Quieres lluvia muerta?... tengo esta y sé dónde hay mas. Lo que no sé es tu nombre… si me lo dices te regalo un “hola”.
.-Me llamo Elena.
.-¿Elena con “h” o sin?
.-Sin…
.- Una Elena sin grandes pretensiones. Yo soy Guillermo…,hola; que lo prometido es deuda.
Así comenzó todo y puede que así terminara si supieras lo que decía aquel papel que Guillermo intentaba rescatar… En aquel papel, Guillermo se despedía de la vida, porque la vida decía que él ya no tenía derecho a estar…
Aquel día que no volvió, aquella última vez, perdidas las esperanzas, se alejó para dejar de estar… No quería que tu supieras que la vida le había sido infiel.
José A. Fernández Díaz