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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Peatones

Peatones
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                  El día nuevo, acabado de nacer, la vida de siempre, casi monótona, haciéndose poco a poco o muy deprisa, entre el cielo, la tierra y el mar… todo entre las paredes del pasado y el futuro, jugando a ir del uno al otro.

                El mundo a lo suyo y el invierno en aquel rincón donde algunas cosas, muchas cosas,  no están previstas.

                Ella pensativa y sin ganas de prisa; pero con la prisa como parte de la vida, en el bolso un libro a medio leer, una libreta donde apuntar  ideas y sueños…pañuelos, un bolígrafo con tinta roja, algo de dinero y una brújula rota. Aquella mañana apenas había puesto interés en su aspecto. Era ella al natural… Tal vez esa colonia de siempre,  con la que se identificaba, era el único detalle de coquetería.

                   El, observador de cosas pequeñas, pero despistado en todo lo demás. Las gafas ligeramente salpicadas por el café de la mañana, tras un brevísimo y casi insignificante accidente. En el bolsillo de la vieja chaqueta,  una libreta  y un bolígrafo de tienta roja… algo de dinero y un reloj roto. Llevaba al cuello, colgando como parte imprescindible, de lo poco o mucho que era, una pequeña piedra de playa, amarada hábilmente.

                Ella encontró el semáforo de peatones cerrado… esperó, mientras los otros pasaban indiferentes.

                El, justo al otro lado, encontró, ¿como no?, el semáforo del paso de peatones cerrado y los otros  pasaban  a su lado,  con desprecio…

                Ella y ´él se miraron e  inmediatamente una curiosa sensación de que el mundo se había parado, llegó a hacerse dueña del uno y de la otra… Supongo que aquello era amor. El semáforo, mientras tanto abrió y cerró  dos veces. A la tercera un bocinazo los hizo caer en la cuenta. Comenzaron a andar y se encontraron justo en el centro del paso de peatones. El acarició su cara y ella, con la punta del dedo, retiró una pequeña gota de café de sus gafas… no usaron palabras, sólo pensaron que no sabían a dónde ir. Ella iba al lado de donde él venía y él al lugar de donde venia ella. No supieron decidir  y el tiempo se terminaba. Ella cogió su mano y tiró, pero él quería lo mismo y tirando de  ella hacia su destino, sin querer, oponía resistencia… Cuando s dieron cuenta,  había coches a ambos lados, esperando para pasar… Ellos se alejaron súbitamente y,  al llegar al otro lado, se miraron por última vez a lo largo de un breve e infinito puñado de segundos… luego volvieron a la realidad,  con la sensación de haber dejado atrás la felicidad.

                Al llegar a casa ella, escribió una breve nota en su libreta. Al poco tiempo llego su compañero,  que traía comida china…

                Al llegar a casa él, después de dejar la compra y antes de ponerse a cocinar para su mujer e hijo, escribió en su libreta de notas…       

                “La vida es esto. O lo tomas o lo dejas. Hoy no sé si lo tomé o lo dejé … la vida es esto” (texto copiado de la libreta de ella y de él)

                José A. Fernández Díaz.  

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