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17 abril 2013 3 17 /04 /abril /2013 01:17

                dos-flores.jpgCondenados a entenderse, condenados a buscar un lugar común, una solución o una medicina que cure la rabia, el odio… amanecieron al día siguiente del penúltimo día y tardaron en entender el significado de llantos y desesperanza, desilusión y nostalgia…

                El sol grato, conocido, se desplomaba sobre las pieles de unos y otros por igual, de los que se confesaban de Capriles y los que no ocultaban su gusto por Maduro. Se habían reunido en grupos que esperaban para votar. Los gestos y las miradas entre unos y otros estaban cargadas de rabia inexplicable… iban a elegir y no a ser elegidos, pero por sus  actos parecía que defendían su victoria y no la de un candidato al que ni siquiera habían visto en persona…  

                Las miradas entre los miembros de ambos grupos eran una réplica de muchas otras que entonces poblaban las calles de aquel país maravilloso… Casi todas las miradas entre unos y otros estaban cargadas para matar, casi todas… Romina y Julia se miraban de otra manera,  desde lejos, confundidas en las entrañas, la una, de los defensores de Maduro y la otra de los que optaban por Capriles. Conscientes ambas del lugar que ocupaban, no dejaron de mirarse nunca más… Romina,  convencida militante socialista, llevaba tatuada la efigie del Che en un hombro, descubierto aquel día que vestía una camiseta roja, gastada por el uso y un pantalón vaquero cortado muy cerca de las rodillas… el  pelo juguetón y travieso  sobre uno de los ojos y los labios dibujados en rojo intenso desde el primero de sus días… Julia, Julia era la antítesis; vestida de domingo o de fiesta, pensó Romina, dibujaba sus esplendidas curvas bajo un vestido que hacía disfrutar al sol, pendientes y pulseras a juego, mechas en el pelo rizado, los labios pintados con buen gusto y unos increíbles zapatos rojos de tacón, que parecían enraizar en el asfalto… Julia no paraba de mirar mientras el resto de sus compañeros se entretenían comentando venturas y desventuras, similares pero distintas en tono y color a las que ocupaban el tiempo de los  compañeros camaradas de Romina…

                Se recorrieron,  inmersas en sus silencios, de arriba abajo,  unas pocas veces y muchas veces también. Se gustaron sin duda y sin duda comenzaron a amarse con la banda sonora de insultos y despropósitos de fondo … La una y la otra no querían que llegará el momento de votar y de perderse de vista para siempre; pero sucedió y, que curioso, en la salida se encontraron para despedirse con un gesto que dejó atónitos a los dos grupos…

                Pasaron las horas, pero no el deseo… habían aprendido a extrañarse sin haberse tenido, sin haber sido una sola… Tras el escrutinio, la rabia de ambos bandos… el resultado tan ajustado que se antojaba poco creíble. Tras el resultado la rabia encendida y furiosa, irracional capaz de todo y mas…

                Habían alcanzado la victoria los partidarios de Maduro y aquellos otros ilusionados con un poder desconocido se habían quedado no muy lejos de esa otra sensación… Entonces fue la noche y, de súbito, la rabia se hizo estúpidamente valiente, infinitamente cobarde y marcó el camino equivocado a unos pocos…Armas, de repente disparos en la noche del penúltimo día. Sobre las 12:45, Julia encontró a Romina herida, sangrando sobre un montón de periódicos. Acarició aquella piel deseada, intentando aplacar el dolor…se miraron para siempre sin decir palabras hasta que un beso, que marcó el comienzo del último día, dejó a Julia con el sabor helado de la vida de Romina terminada para siempre… Justo cuando comenzaba el triste recorrido del último día una bala y luego otra apagaron sin mas y también para siempre,  ideas y deseos distintos a los de Romina, pero capaces de encontrase para viajar juntos al cielo o al infierno…

                Lo cierto es que aquella mañana del último día,  Romina y Julia, muertas, sobre el suelo de una calle cualquiera, de un país dividido por el odio y condenado a entenderse, a buscar un lugar común, una solución o una medicina para curar su enfermedad mortal,  no fueron mas que un número y un efecto colateral,  de esos que nadie puede explicar desde la razón…

José Angel Fernández Díaz

 

 

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  • : El blog de atrapado-en-la-esquina-verde
  • : Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
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  • Invasor atrapado en el territorio sin límite de los sueños y lo políticamente incorecto... Eterno indignado y perverso militante de causas pervertidas.
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