Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Fueron tiempos de locura y desasosiego… de lujuria y perversas lecturas, sin ganas de parar; de piel ajena para apagar ardores confesables de fuegos repetidos… fueron días y noches construidas con sabores y olores inolvidables, recorriendo sentidos propios y rematadamente ajenos, tuyos más que míos…
Eras piel que sabía a vino dulce, a hoguera de maderas perfumadas, a libertad pactada y prisión preventiva… y no sé si te quería porque me querías o porque sin que me quisieras quería quererte… Creo que te quería porque me querías… creo… y porque olías a hierba de esa que sabe a felicidad…
Fueron tiempos de locura infundada… de la buena, de esa que no está encerrada en manicomios concertados y subvencionados con kilowatios de electroshock a gusto y disgusto de buenos y malos conductores…
Fueron tiempos de memoria perdida entre ruidosas nubes de humo, de la felicidad artificiosa, inventada a mano… de locura paradisiaca y pasajera… de esa que un día se fue, como el antojo de una piel deseada…
José A. Fernández Díaz.