Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Buena noche, la pista a rebosar…
Había comenzado mi segunda sesión. Casi nunca improvisaba. Mis mezclas eran fruto de trabajo e imaginación y mucha ilusión. Me gusta la música y si está hecha para llegar con rapidez a los sentidos de quien la escucha, mas aún.
Aquella historia mia con la música ya duraba unos años y lo curioso es que no me cansaba jamás de intentar nuevos retos con las mismas canciones.
El rito: llegar a la cabina, ordenar mis discos, encender el equipo, platos y mesa… extraer el primer disco y pincharlo siempre en el plato de la izquierda, ajustar los audífonos, levantar el volumen del primer plato, verificar la ecualización y lanzar, por fin, al silencio de la sala, hasta romper lo en pedazos… desenfundar otro disco dejarlo sobre el plato, apoyar la aguja, monitorear, jugar con el pitch hasta encontrar la velocidad justa, buscar el lugar adecuado y subir poco a poco o rápidamente el volumen de salida hasta crear una nueva sustancia… luego dejar desaparecer la primera canción sin que se note y buscar otra para seguir adelante…
Había comenzado muy fuerte. Los bajos entraba y salían con violencia mientras sonaba “megatron man” “menergy”… Patrick Cowley llenaba pistas, Sylvester, “you make me feel”, “do you wanna funk”… era disco en estado puro… Todos bailaban y celebraban cada mezcla con gritos y aplausos… Todos bailaban … pero ella no.
Aquella mujer me miraba desde el centro de la pista, como si no hubiera música, como si estuviéramos solos. Morena de ojos negros brillantes , delgada, de curvas breves y labios generosos para la risa y también para los besos seguramente… Hermosa, aquella mujer no bailaba…
Apagué el plato que sonaba y mientras el tema que tenía en el aire se iba muriendo poco a poco entre sus últimos estertores, comenzaba a subir con fuerza “dancing with myself” …. Luego fue B52s, Men at work…. New Wave, sin mas y la pista convertida en una locura que subía y bajaba inundada por las luces giratorias y estroboscópicas… Todos bailaban con pasión… todos menos aquella mujer, que me miraba a los ojos, atravesando reflejos, destellos y oscuridades… no bailaba …
Resignado, comprendí que había llegado la hora de la música lenta… Con una frenazo en seco y una ráfaga de eco puse fin a aquella locura… había llegado el tiempo de abrazos y calores compartidos … Puse a girar “Total eclipse of the heart”…. Y me disponía a abandonar la cabina cuando me encontré otra vez con aquellos ojos… esta vez me invitaban junto con un maravilloso gesto de sus brazos a bajar a la pista… No lo dudé. Me aproximé, la abracé mientras me decía al oído, “creí que no ibas a venir “… Me escuché decir: “acabo de entender por que tenía que hacerlo”… y la música sonaba y sonaba sin parar….
José A. Fernández Díaz