Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Un día cualquiera encontró que tenía la necesidad de buscarse sobre la arena de la playa. Se dejó llevar. La casualidad quiso que el tiempo elegido fuera ese que sucede a la algarabía y el estruendoso ruido de colores del verano. Se encontró con un otoño avanzado; un paisaje decorado con ausencias, rebosante de grises ocres, amarillos y amables variaciones de luz, con olores conocidos, imanes para el recuerdo, para la revolución de la memoria, para la insultante nostalgia… Hizo camino conocido hasta alcanzar la convulsa mezcla de sensaciones que ofrece la proximidad del mar. Para cuando ocupó su mirada ya la memoria había adelantado colores y formas, aromas y sonidos… pero la realidad superó con inmedible intensidad a la imagen almacenada.
Al pisar la arena se percató de que tan solo unos pasos habían roto la perfección de la lozana superficie y terminaban al pie de una de las grandes rocas que ocupaban la playa. Se dejó llevar por la curiosidad mientras una súbita rotura entre las nubes dejó escapar algunos frágiles rayos de sol que impactaron en las rocas, alcanzando de lleno al reinado del cuasi blanco y negro.
Caminó sobre aquellos pasos hasta que se encontró frente a frente con la roca. Perplejo, solo se le ocurrió mirar al otro lado. Descubrió que allí, una mujer, leía con gran concentración un breve libro. Se sintió atraído y solo fue consciente de que no era un sueño cuando alcanzó a escucharse peguntando: ¿quieres que te lea?... y leyó hasta terminar, aprovechando entre página y página para sumergirse en aquellos ojos negros…. Aquel día fue “el principito”…
Se despidieron sin que apenas mediaran palabras.
Un día cualquiera volvió a suceder: ella, el mar, un libro, sus ojos… Cuando cerró el “azul” de Ruben Dario, ella acarició su cara y se despidió con una mirada profunda…
Luego fue “la dama de las camelias” y aquel día rozó sus mejillas con el calor de aquellos labios silenciosos…
Otro día huyeron de la playa, bajo la lluvia, con “el amante de Lady Chaterley” en la mano en busca de un refugio. En la casa de aquella mujer, a lo largo de muy pocos días, conocieron la historia entera y alcanzaron el final contagiados por el deseo.
Volvieron a encontrarse en la playa, tras la roca cien veces y los libros cada vez eran mas largos… “Romeo y Julieta”, “Humillados y ofendidos”, “la ciudadela”… poco a poco las lecturas, cada vez mas generosas, fueron acortando la distancia que los separaba un día de otro. Entendieron que estaban predestinados a permanecer juntos para siempre… descubrieron que se amaban y que la vida estaba llena de libros para leer juntos.
José Angel Fernández Díaz.