Acaso tiene un nombre el espacio que existe entre los labios tuyos y los míos;
Se llama ausencia cuando tu no estas y me faltas como la luz de la mañana;
Puede que sea distancia, cuando algo ajeno al calor de los cuerpos nuestros ocupa ese lugar;
Tal vez desamor ; esa maldita palabra que ilustra el epílogo de una pasión;
Quizá locura sin cura conocida ni por conocer;
Puede que un brote de estruendosa y ruidosa pasión por otros espacios prohibidos;
No es descartable el frío de un invierno súbito que hiela el deseo;
Por que no tener en cuenta un no en la mirada tuya… o en la mía;
Imagina que pensando que es cosa tuya, resulta que es cosa mía y también a revés;
Al final seguramente tiene un nombre ese espacio que nos separa:
Un centímetro, dos, diez, dieciocho, veinte… un metro, una mesa, una casa, una provincia,… un país…
Y qué puede importar un centímetro o un país si yo conozco de memoria el sabor de tus besos y el calor de los labios tuyos…
José A. Fernández D.