Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Comenzó siendo un agradable susurro al oído, un abrazo cálido sin primeras palabras, una melodía envolvente, frágil e intensa al tiempo. El recorrido había comenzado; los sentidos en fila, alerta, dispuestos… sumisos, deseosos. Me dejé llevar, porque no había habido un antes, nada con lo que comparar. Me dejé llevar porque me atraía el color y el calor de aquella novedad y fue grato, tanto como rendirse al ir y venir de las olas mientras el sol se desploma sobre la piel y las horas son solo sesenta minutos y tienen la triste importancia de saber que, con un poco de suerte, siempre hay una después de otra.
Fui rehén de palabras, ritmos ajenos, que supe hacer míos, cadencias, momentos de locura y breves vueltas a la razón…
Nos paramos a beber y bebimos para continuar y ese continuar nos llevó… me llevó a perder el control, a no saber si gritar y hasta llorar. No fui capaz de imaginar que podría ser así… así, tan intenso, tan profundo, íntimo, vertiginoso y hasta agresivo…
El éxtasis llegó con “Keep on rockin in the free world”...entonces, justo en ese momento, escuché, miré, aplaudí, salté, canté y di gracias a Neil por haber dado vida, queriendo o sin querer, a los Crazy Ponys…
José Ángel Fernández Díaz