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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Ingrid, Rick... 2046

                2046.jpgRick despertó de madrugada, desolado al descubrir que solo había soñado, que aquel encuentro inolvidable no había sido mas que una jugada magistral de Morfeo. Podía, eso si,  revolver en lo soñado, revivir instantes falsos para … y es que no tenía otra cosa…

                Ingrid miraba al fondo de la estación, desde su mesa poblada por un café y parte de la esperanza que aún poseía y que golpeaba con furia en su pecho…

                Cuando el apareció súbitamente en el espacio que alcanzaba a atapar con la mirada resignada, entendió que la tarde se iba a desdibujar en la noche arrullada por  el ruido efímero de la pasión… Se miraron en la distancia y, sin gestos, apuraron el momento para encontrarse, tanto que buena parte de la vida inmediata se quedó olvidada en algún rincón del tiempo y el espacio. Antes  de alejarse de la cafetería, Ingrid miró, desde el otro lado del cristal, el café intacto, la cafetería vacía y su bufanda sobre la silla…

                Sin que mediaran palabras unieron los pasos, los corazones desbocados y la mirada puesta en el portal nº 20, cuarto piso… habitación nº 6… imposible olvidarlo; un lugar para huir, un lugar siempre en el futuro, para reconstruir pasado y crear presente…2046, propiedad de los sueños a medida…

                Apenas un gesto en recepción, la lleve atada por una breve cadena a un viejo trozo de madera… subieron.

                Rick abrió la puerta y la invitó a entrar. Se dibujaban hilos de luz que nacían en la persiana y se desplomaban sobre la cama. Ingrid se miró y lo miró,   impresos los dos sobre el espejo… comenzó a desnudarse, sin prisa. Se recorría lentamente mientras Rick observaba; acariciaba suavemente la piel que iba a entregar, al  tacto conocido y deseado de otras veces…

                Vestido el y completamente desnuda ella, se abrazaron y besaron sin medida, sin límites imaginables. Rick la trazó suavemente, en el silencio de  la habitación, con los labios y las manos, recuperó rincones y humedades perdidas, añoradas, envueltas en la memoria. Ella, Ingrid, desnudaba con pasión, el cuerpo que la conquistaba…

                Pronto fueron un solo corazón, una sola piel; fueron suspiros, caricias profanas, gemidos, respiración agitada y silencios acotados… calores, sabores y olores… dolores deseados y locuras sin límite… rebeldes gestos de huida sin ganas de hacerlo y desquiciadas arremetidas… hasta que por fin fue la cima conquistada al mismo tiempo, el fluido compartido donde se descargan las primeras fuerzas… luego hubo una segunda vez y con ella la palabra y la  promesa de un encuentro futuro, siempre futuro…

                Rick estaba atrapado para siempre en la esperanza de “una vez mas”, en los límites grandes y pequeños de aquel cuerpo… Ingrid encontraba en aquel hombre el reflejo goloso de sus mas grandes deseos… eran el complemento y la excusa perfectas para haberse  encontrado y no dejar de  encontrarse…Eran dos partes perfectas de un sueño compartido…

                No podía dormir, Rick volvía como un loco sobre aquel sueño, sobre el tacto imaginado, sobre el perfume inventado tal vez… Estaba perdido en la realidad y gravemente alejado del momento justo, del límite entre sueño y realidad. Decidió salir y despertar definitivamente a la realidad… La noche había avanzado irremediablemente. Cuando llegó a la cafetería se encontró que estaba  completamente vacía… ocupó la mesa que daba a la gran ventana… sobre la tabla herida por los años reposaba un café intacto, frío, olvidado… Sin saber `por qué respiro profundamente, hasta atrapar el perfume alojado en la bufanda que, olvidada, reposaba sobre la silla vacía que acompañaba el  fin de su  sueño.

                José Angel Fernández Díaz.   

                  

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