Overblog Todos los blogs Blogs principales Estilo de vida
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

Publicidad

La boca grande de Caperucita…Roja

La boca grande de Caperucita…Roja
Publicidad

Eran aquellos tiempos en que , agotado de vivir línea a línea la vida de otros, decidía, de vez en cuando, aventurarme a vivir,  torrencialmente, mis propias aventuras … en aquellos tiempos no hacía otra cosa que buscar, sin muchas ganas  de encontrarme.

                Recuerdo una de aquellas huidas, una  en la que se me antojó buscar a Caperucita… roja. Lo había decidido, con la ayuda de una concluyente botella de un viejo licor de hierbas y alguna hierba sin licor, aspirada,  hasta meterse en el interior de los sueños que casi siempre me poseían, cuando la realidad resultaba harto aburrida. Caperucita tenía que estar en algún lugar no muy alejado de mis sueños.

                Fueron aquellos, días de buscar una explicación sensata para lo que,  en el supermercado,  escuché como llamaban amor.  Tenía ante mi una excesiva y preocupante variedad de sardinas en lata. Semejante variedad agotaba mi sentido de la vida. Tiene que existir algo mas allá… de la media hora dedicada a elegir entre una y otras cincuenta variedades de sardinas y sardinillas en lata… es cruel si al tiempo, alguien, que es solo voz al principio, despista tus conjeturas, tribulando sobre “el amor”. Aquella voz también miraba las latas de sardinas y era capaz… podía pensar en algo tan complejo como el amor… Y hablar de amor… amor al natura, amor con tomate, amor en escabeche, amor picantón, grande, pequeño, mediano… en lata, en tarro de cristal… amor.

                Hablaban a mi lado, un tal Manolo y una tal Maricarmen, que se amaban con un sentido casi gastronómico de la realidad. ¿Lo imaginas?, si vacías todas las latas de sus cajas, arrancas las etiquetas  e invitas a tomar una para toda la vida … ¿te atreves?... Eso es amor, concluí (creo).   Aquel día volvía a casa con serias dudas sobre la estabilidad del sentimiento y sobre el valor nutritivo de las sardinas.

                Descubrí a Caperucita, cansado de hojear a Niestche, en una viejísima edición,  que aún conserva alguna de mis muchas precoces incursiones al dibujo abstracto. He de reconocer que, a pesar de los años, mantengo técnica y estilo… ahora, sin embargo, he abandonado la aportación de piezas o tropezones de naturaleza escatológica… uno crece, madura y lo que sigue… sea lo que sea.  Caperucita Roja, una historia de bondad inconmensurable, valor inmedible y cierto tufillo a defensa de la caza y de los cazadores como héroes espontáneos.

                Caperucita no puede envejecer. Si lo hace, si envejece, su nombre se hace tosco y ruidoso. Caperuza Roja, no suena nada asequible o próxima… Me asusta.

                Supongo que perdí la noción del tiempo y también del espacio, supongo que tenía ganas de huir y Caperucita me llevó al punto medio del laberinto.  Allí me dejó, con una  manzana,  una botella de tequila medio llena o medio vacía, que ante la inminente tensión controversial decidí convertir en vacía, sin limón, sin sal y sin respirar… Julieta Venegas… Julieta Venegas tenía algo que ver con el asunto. Me gusta lo bien que desafina. Es placentero desafinar sin que nada se rompa… Me guardé la botella, con la intención de depositarla en el contenedor adecuado,  antes de perder el sentido para siempre, y me dediqué a caminar entre setos de tres metros con mi manzana como única compañía… luego desperté, afortunadamente, desperté. Miento si no digo que me despertó Julieta, mi bóxer, que, aprovechando uno de mis  recurrente y eventuales desvanecimientos de orden intelectual, me besó a su manera, cual Julieta, inducida por el amor y las ganas de volver a la vida a un Romeo tocado por una terrible sobredosis de licor de hierbas hecho en casa.

                Si eso, mañana salgo a buscar a Caperucita…   

                José A. Fernández D.

Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post