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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Batallas Perdidas

Batallas Perdidas
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Se hicieron amigos o se encontraron siendo amigos,  una tarde de verano en un camping de Burgos. Uno de ellos leía en su tienda, acompañado de una cerveza helada, mientras el otro volvía de la piscina… una conversación transversal hizo nacer la amistad. Descubrieron que ambos estaban lejos de casa y que aquel clima seco y caluroso nada tenía que ver con Galicia. 

                Desde aquel día, alguna vez con uno o dos meses por medio, no dejaron de hablar y quedar para compartir una, dos o tres cervezas, mientras se explicaban el aspecto que tenía  la vida de uno en contraste con la del otro. El uno tenía novia y, en general  la vida no tenía mal aspecto, vivía de la publicidad, de hacer de sus fotos historias para decir cosas o para venderlas… el otro, hacía tiempo que había dejado de hablar de una tortuosa relación, que no hacía más que romperse una y otra vez… tenía trabajo siempre aunque no siempre era el  mismo.

                El uno contó al otro, una tarde cualquiera de verano, que tenía un proyecto desde hacía un puñado de años, unas ganas terribles de hacer paisajes de piel y sombras en blanco y negro. La fotografía, como pasión, hace imaginar universos donde no hacen falta palabras y el uno, amaba la fotografía como medio para  exponerse,  si era necesario, en carne viva…

                El otro entendió la idea y quiso saber mas. Al final concluyeron que con tres personas era posible organizar una sesión  y hacer de la idea del uno, una realidad. El otro, era un deportista que cuidaba su cuerpo y compartía con otros amigos y amigas esa pasión… se ofreció a buscar dos o tres personas que junto al el pudieran convertir aquella idea en un hecho.

                Llegó el día y el uno se fue a la casa del otro cargado con trípodes, dos cámaras, luces, filtros… El otro esperaba con café recién hecho y malas noticias. La gente te engaña, te miente, te deja tirado… solo quedo yo. El uno y el otro concluyeron que algo se podía hacer. La luz de la tarde era propicia y se fieltraba por entre las cortinas creando una atmósfera que hizo pensar al uno. Hace años – dijo- hice unas fotos a mi novia, con una luz parecida, las edité en sepia y quedaron fantásticas… nunca salieron de casa. Nos sirven para recordar que aquella tarde fue bastante especial y, además, que a ella su timidez le impide enseñarse en público con poca o ninguna ropa… El otro escuchó la historia y se echó a reír.  Yo –dijo- practico el nudismo, como sabes, y la verdad no me hace gracia que se me vea por las salas de exposiciones… El otro advirtió que aquellas fotos eran contraluces, espaldas, pies, medio cuerpo, etc… Pero ella tenía miedo a ser reconocida.

                Realmente aquella era la idea. Jugar con la luz, las sombras y el contraste con la piel. Claro que el uno se traía unos esquemas para dos o tres personas. 

                Charlaron, se contaron sus penas y cuando contaron ocho cervezas sobre la mesa de la sala decidieron, el uno y el otro, que algo tenía que salir. El uno montó el trípode, ajustó una de las cámaras, mientras el otro se iba desnudando. El uno se percató de que el cuerpo del otro tenía cierto aire femenino, agradable y ambiguo. Dos contraluces de espaldas al fotógrafo, en el sofá dieron pie a otras ideas. Cuando el uno pidió al otro que se incorporara para cambiar de posición, el uno confesó que necesitaba un tiempo. Por qué? –preguntó el uno… el otro respondió incorporándose y dándole la cara…  Una   mas que evidente  erección dejó perplejo al otro.

                Sin saber como, sin buscar explicaciones, se unieron en un beso largo y extraño,  por lo menos para el uno,  que  no sabía que hacer. Pronto fueron piel con piel e hicieron por no declararse vencidos. Nadie sabe si en esta clase de guerra las batallas tienen reglas…

                Al final, tras la primera batalla… primera, porque iban a ser otras con el paso de los meses;  al final, el uno no quiso buscar explicaciones, no quiso saber por qué había sucedido si a él nunca le atrajeron los hombres y el otro se declaró vencido y no se molestó en querer saber.

                El uno volvió a casa, quedó con su novia y se amaron muchas veces, sin que nada hubiera cambiado y el otro igual. Puede que las guerras de piel tengan batallas para ser libradas entre amigos y enemigos… y puede que todas estén perdidas o no.  

                José Angel Fernández D.

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