Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Una mañana despertó por fin…
Aquella mañana tenía que encontrarse con el rostro del hombre que ocultaba…
Los años no pasan sin más y la vida es algo que te hace reconocer que hubo un pasado y que el presente tiene su propia cara. Que ya no tienes que parecerte a lo que ya no eres.
El hombre que miraba desde el espejo lo hacía con gesto cansado… consciente de la mucha anacronía que adornaba la farsa. Dorian Gray no existe, parecía decirle. Tu piel no es eso que vistes con disfraces. Tu piel es el tiempo en el que has debido crecer, hacerte más tu de verdad y menos el yo que sea mirado por los otros.
No sabes sui tienes un amor de verdad porque tu no eres de verdad. La amistad se sostiene sobre los pilares de un lugar en el que probablemente no debes estar. La gente que te rodea son los habitantes de su tiempo y no del tuyo.
Aquella mañana, al despertar, intentó entender a qué sabe la vida cuando no está hecha a la medida de los otros, cuando es la propia, lo que uno se merece.
No sabía bien si le divertía no ser él mismo o necesitaba no dejar de ser ese espejismo parecido a los otros, para encontrar alguna razón con la intención de seguir.
Había dos soluciones: romper aquel espejo y todos los espejos del mundo; hacer de cualquier reflejo de su imagen un lugar prohibido o…
Aquella mañana despertó por fin…
José A. Fernández D.