Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
No tuvimos otra opción; se moría el día. Nos hicimos el boca a boca con poco éxito. Apenas salvamos el calor, que se quedó contigo y conmigo mientras la luz, vencida, dejó venir a la noche…
En la noche, entre estrellas y suspiros, me confesaste que apenas te importó el día y que, si se murió, puede que fuera un poco culpa tuya…
Te tranquilicé, llevándome a la boca una verdad de esas que uno no sabe si dejar en cuarentena…
Yo te quería en la noche. Te tengo en la noche.
Nos hicimos el boca a boca para resistir hasta el amanecer… sin miedo a las oscuridades.
José A . Fernández Díaz