Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
El mundo se para si las mujeres paran…
Despierto con esa idea y cierta certidumbre que me hace feliz. El vecino grita como el animal que es. Intuyo que no entiende nada pero presume, confunde, su testosterona con el fluido de la razón. Algunos hombres no explican bien, no hacen creíble eso de la evolución. Ahí, en esos hombres tiene un filón la iglesia católica.
Ayer olvidé comer.
Ayer olvide olvidar…
Volveré al trabajo después de la ducha. Volveré de la ducha con alguna idea clara… supongo.
La toalla aún huele a ella. Los libros huelen a ella… Ella huele a … olvido. Tal vez olvido, probablemente nostalgia. El amor es eterno mientras dura, escribió García Márquez y cantó Ismael Serrano…A mi me dura pero la eternidad está más en las horas que me alejan de ella. Días, que ya son meses.
Café… No queda café.
Me pongo una breve copa de licor café … y luego otra. Acuerdo conmigo mismo ir andando al trabajo y me pongo una penúltima copa. El licor café tiene una curiosa mezcla de virtudes: mezcla la cafeína y sus tendenciosos efectos con el sopor propio de una sutil borrachera.
De camino al trabajo me compro unos caramelos de eucalipto y una caja de ibuprofeno. He olvidado las gafas en la ducha. Apenas importa. Para lo que me toca ver…
Decido que el centro de trabajo, sin mujeres, no existe. Ellas son imprescindibles. Me las encontré a casi todas en la manifestación frente al Ayuntamiento. Las que decidieron no estar, me las encontré en una cervecería algo vetusta y poblada por banderitas repelentes.
Pero no fueron a trabajar…
El jefe tomó la prudente decisión de mandarnos a casa. Aquello no tenía sentido. La empresa estaba muerta.
En casa, abrí el frigorífico y me encontré cara a cara con mis gafas cuidando del brick de leche.., Entonces caí en la cuenta de que había olvidado comprar café… No iba a salir a la calle otra vez. No fui capaz de soportar la idea. Bebí dos copas de licor café y un ibuprofeno. Terrible mezcla. El licor café no marida bien con el ibuprofeno…
La noche. Otra vez la noche y la soledad… y esa manera de recordad que duele. Comienzo a entender los motivos que la empujaron a buscar otro amor. ¿Lo buscó o se lo encontró?.
José A. Fernandez Díaz