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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Cuenta atrás (día tres)

Cuenta atrás (día tres)
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Tengo mis razones… Hoy no me quiero levantar. Sé que no tengo café;  me duele la parte izquierda del mundo de las ideas…No sé si a está hora la ciudad estará puesta. Si no me levanto, es muy posible que nadie se entere. Si me levanto no haré otra cosa mas que molestar.

                Esta última conclusión me ha llenado de fuerzas. Ya tengo edad para molestar y que además parezca que tengo razones.

                Me levanto…Y las cortinas me importan mas bien poco. Aún no es de día. Igual ahí fuera no hay nada. Puede que yo sea el único superviviente a una silenciosa destrucción del mundo… ¿puede que el licor café y el ibuprofeno fueran capaces de inhibir  mis sentidos hasta ese extremo?...

                Miro el reloj y encuentro explicación a todo. Las cuatro de la mañana. A esta hora la vida tiene otro ritmo. La luz no es real… la realidad se parece a algunos sueños.

                Daria algo por saber dónde se esconde mi suerte. Ella siempre acertó cuando me consideró un  nacido bajo el signo de la mala ventura. Aún sin creer en semejante tontería, me siento elegido por el  dedo maligno de la desazón y la falta de acierto.

                Llevo unos días leyendo solo finales, últimos capítulos, últimos versos. Siento miedo cuando abro un libro por la primera página. Me hiere la palabra prólogo… de repente es mi anticristo, el demonio . Quiero acabarme, despedirme,  no sé bien a que velocidad,  de las cosas que me rodean de cerca y las que acontecen un poco más allá. Y no es que ella tenga la culpa. La culpa es mía, mía en un gesto incuestionable de egoísmo, egoísmo de importación, del bueno, del que solo se regala en fiestas especiales.

                Creo que no me va a gustar este amanecer. Se me antoja que la vida no es lo que era y si bien sé que estoy equivocado, no se me ocurre una mejor manera que la de autoconvencerme para  olvidar y volver a la cama… No quiero saber como amanece. Hoy no.

                Recurro a mi botiquín. Ella utilizaba pastillas para dormir. Yo me dormía esperando a que ella despertara. Hoy voy a dormir muchas horas, si soy capaz de descubrir cual es la dosis adecuada. Para cuando despierte quiero encontrarme con una noche que no sea la de hoy, perder la noción del tiempo… no saber en que día vivo.

                Supongo que con una o dos de estas rosas; dos o tres de estas blancas satinadas, una de estas mitad rojo y mitad azul, un traguito de agua de nosequé… supongo que con semejante mezcla dormiré…

                Me bajo toda la mezcla con una buena copa de licor café y vuelvo a la cama…

                Espero un pocoooooooooooooooooooo.

                José  A. Fernández D. 

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