Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Había descubierto una salida de emergencia, una escapada profiláctica, en la recurrente huida a su pasado.
Recreando tiempos mejores evitaba el contacto directo e irritante con la realidad… Pero de tanto huir, terminó por quedarse sin querer, queriendo, atrapado en el pretérito perfecto simple… en lo que ya fue.
Así, seguro tal vez, `pero, al fin, retenido en una cárcel propia, entretenía el voraz tiempo presente sin moverse de su pasado… En el tiempo real, en el presente pasó de ser un anónimo estresado , agobiado por los ires y venires del día a día , a convertirse en un perturbado , ajeno a la realidad.
Puede que la felicidad esté en otra parte; pero a él le tocó viajar en solitario al lugar donde la había situado, y allí, en aquella otra parte, solo había restos de naufragios y abordajes. Con ello sobrevivía solo, rebuscando entre las notas de las canciones, las páginas de los libros y las cajas llenas de anacronías y nostalgias.
Una tarde de lluvia lo trajo de vuelta, pero nadie lo esperaba; tal como sucediera con el viejo hidalgo que había en un lugar de la Mancha de cuyo nombre nadie tenía noticia cierta. Aquella tarde de lluvia volvió para dejar de existir.
José A. Fernández Díaz.