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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Llueve otra vez

Llueve otra vez
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                     Puede que una tarde de esas,   donde la lluvia hace del tiempo una cadenciosa y lenta sinfonía de grises,  con tendencia al cielo menos cielo de cuantos sea posible imaginar… puede que hubiera sido una de esas tardes donde apenas importan las horas y es ajeno lo que sucede fuera, donde la leña que arde hace magia con las sombras, que se hacen sueños y perfuma el silencio roto,  con  el aroma inexplicable de ciertas nostalgias.  Seguramente una de esas tardes con luz de noche anacrónica e incompleta, decidió que amarla era una pieza imprescindible en el extraño mecanismo de su  vida.

                Quiso hacer de sus ganas, del deseo que se había hecho con sus minutos que pronto fueron horas,  palabras vivas, cantadas al oído, intenciones miradas a los ojos, deseos acariciados sobre la piel tibia que conocía bien… Quiso hacer del sentimiento que robaba el tiempo para otras cosas, una manera de iluminar el centro de su pequeño universo.

                Entonces;  puede que una tarde de esas, donde la lluvia tiene mil virtudes y un solo defecto… entonces , entre el crepitar de la leña en el hogar y el viento en las ventanas, fue capaz de escuchar un breve golpe en su puerta. Acudió con prisa y encontró que ella dejaba volar el  paraguas para atarse a su cuello…

                      -¿Y si nos amamos hoy para siempre?...

                 Algunas veces imaginar apenas, apenas  imaginar, tiene sabor a cosa deseada; muchas veces la imaginación se consume entre los hilos de la realidad… ¿para qué quieres más cuando lo tienes casi todo?...

                 Con casi todo atrapando los latidos del corazón que casi no podía contener, se dejaron caer palabras con sabor a confesión innecesaria y la falsa piel de ella,  mojada con la lluvia furiosa,  junto a la que aquel hombre,  que apenas sabía que estaba esperando y que bien pudo encontrarla bajo la lluvia  de camino a casa.  Pero ella venía  el  había decidido ir… se encontraron y eso es lo que realmente  importa.

                    Amar para siempre, siempre, tiene algo de promesa facilona y sentimental… Se amaron, pues, aquel día para siempre… y se amaron bien.

                    Ella olía a lluvia, sabía a cielo conquistado, besaba con la furia del viento sobre la piel. El amaba la lluvia, amaba el viento en la cara… perdió la huella de sus razones en los rincones de la piel que se dejaba querer. Apenas supo saber  si era él o era ella,  el extremo de un sueño que se encontró por el camino… de camino entre unos y otros labios. Poco a poco se hizo la noche y el fuego decidió morirse mientras las mantas guardaban el  calor de los sueños.

          Al amanecer aconteció una luz nueva, viva, alargada entre los trapos que cegaban las ventanas… Justo al amanecer él encontró que había olvidado marcar la página donde había dejado su lectura la noche anterior, también que había confundido los sueños recurrentes  con las esperanzas rotas.

                José A. Fernández Díaz.     

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