Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Dame una razón para desarmar mi dispositivo de autodestrucción y si aciertas te regalo una flor. Si no aciertas yo sigo con lo mío; a golpes con la sincronicidad entre el juguete roto dentro del que vivo y el apocalipsis encerrado en mi cabeza.
Si me das una razón, buena o mala, me la quedo y te prometo que, apenas llegue el primer amanecer me la inoculo en vena, por decir algo. Luego, mientras espero a que haga efecto, acaricio, seguramente, mi árbol favorito convertido en mesa hace un buen puñado de años…
Y poco mas… tal vez decir, por decir algo, que tras mi última transfusión el arcoíris se me murió de tristeza o pena y la noche salvaje me encontró con los ojos abiertos; abiertos de par en par y el corazón cerrado a cal y canto.
Si quieres te invito a un trozo de luna, con noche larga y salpicada de estrellas o, si lo prefieres, a la turbulencia de una ciega… tu decides. Tu porque yo sigo ocupado buscándome.
José A. Fernández Díaz