Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Satisfechas algunas ambiciones, consagradas las falacias mas próximas a su infierno consanguíneo y comparadas las dimensiones de de su yo mas inmenso con el mas grande de los inalcanzables… descansó, con esa previsión bíblica tan rumiada, a los siete días; ni uno mas ni uno menos… descansó y esperó a fotógrafos y periodistas.
Todo dicho y todo hecho … y el superhombre en ascenso a los cielos de la posteridad. Desde que hubo arrancado su cabeza de entre las paredes del surco abierto en la arena, se dedicó palabras de alimento y tantos mimos que apenas fue consciente de que, si bien otros con otras ideas ponían, sobre el tablero, sus piezas con tanta sinceridad que herían de muerte a la imbecilidad mas arraigada, el se vestía y desvestía para ensayar distintas puestas en escena, siempre de espaldas al público… Un país no se hace con palabras de recambio ni con ideas volátiles o efímeras decían por ahí desde que los hombres decidieron delegar en otros. Volvió de aquella huida hacia si mismo, para sentirse mas cerca, con algunas piezas mas afiladas. Dejó en la arena un pozo a rebosar de intolerancia y con esa virtud tóxica regresó a la palabra en público. Conservaba el cuchillo y la rabia, ambos afilados como las palabras con las que pervertía el mundo de las ideas y aún de los sentimientos. Porque eso, también eso, se lo había dejado por el camino.
Había amado pero ya no amaba, pues esencialmente había omitido dejar tiempo para ello… había querido y ya no quería porque la familia, los amigos… no son capitalizables y tienen la desgracia de pensar y oponer ideas. La polis era él… No eran los hombres con sus problemas y sus deseos, tampoco otra cosa próxima a los demás… todo era él, él y él, sin mas límites que la muerte.
Salió de la arena con su mochila a cuestas, aquel cuchillo demasiado grande para casi todo y el delicioso eco de sus propias ideas contadas a sí mismo; todo para resucitar entre los hombres de la polis, como un mesías con respuestas para todo, defectuosas, efímeras o volátiles, pero siempre a mano. Subió al púlpito, colocó el cuchillo sobre la madera pálida, dejó la mochila en el suelo, miró con profundidad al fondo del patio de butacas y no tardó en descubrir que los últimos ciudadanos huían pacíficamente …
Había una vez un hombre al que todo resultaba molesto e imperfecto, todo menos el mismo y su mundo de titiritero clandestino, de agrio manipulador y artesano de cosas rotas.
Había una vez un hombre circunstancialmente olvidado en el seno de su condición de dios.
José A. Fernández Díaz.