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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Víctor

          La amiEstelasstad es una grata pirueta en el escenario de la realidad, algunas veces un salto al vacio sin red; casi siempre una apuesta sin límite…

          Víctor, gran amigo, uno de esos que nunca se acaban, apareció en mi vida una noche  cualquiera, en un aula anónima,  donde un aburrido profesor  impartía  una cuestionable  clase de Estructura Económica. No sé cómo ni por qué sitúo allí el  inicio de nuestra amistad, pues el escenario era poco propicio… podría situarlo en alguno de los muchos lugares donde aprendimos a conocernos… pero fue allí de cierto.

          Pronto descubrí un espíritu abierto, generoso; un ser humano integro, de ideas sólidas y fuertemente cimentadas, inteligente, culto, sensible, infinitamente modesto… pronto entendí que íbamos a ser amigos de esos que duran toda la vida…

          Recuerdo nuestros largos paseos que comenzaban temprano por la mañana y en ocasiones nos hundían en la noche. Una larga conversación nos ayudaba a hacer  camino. Hablábamos de literatura, de cine, estados del alma, desamores y sinrazones…  Me ayudó tantas veces a reconstruir la piezas dispersas de los sentimientos,  que entonces se ocupaba de perturbar una de las mujeres que he amado y que no se muy bien si me amó alguna vez… Victor  tenía a mano la palabra justa, la medicina que aplacaba mi dolor, un consejo dispuesto para salvar mis entuertos.

          Guardo en la memoria una tarde de Invierno, maravillosa, a reventar de belleza, sentados sobre una roca que coronaba un acantilado. El sol anunciaba el fin del día, las estelas dibujaban sobre el azul vivo del mar,  llamas,  donde ardía la pasión que Victor ponía en sus palabras cuando hablaba de aquello en lo que creía… Yo escuchaba con admiración a mi buen amigo y soñaba, soñaba con que el mundo al que aspirábamos llegara a ser verdad. Miraba hipnotizado el juego del agua y el sol mientras alimentaba mi espíritu con la voz que tenía al lado.

         Hicimos planes, compartíamos carrera, ilusiones… Un día la vida nos sorprendió con uno de sus giros inesperados; me robó el tiempo para compartir con mi compañero de viaje…me dejé llevar y pronto encontramos que apenas teníamos horas para volver a ser aquellos dos caminantes incansables, conversadores infatigables, soñadores sin límites… Víctor siempre me acompañó, sin embargo.

         Hoy, un día cualquiera, me gusta recordar  y saber que está siempre cerca, que muchas veces cuando cruza apurado la puerta de mi despacho,  con el teléfono pegado a la oreja,  me gustaría invitarlo a compartir una tarde de larga conversación o entrañables silencios,  paseando por alguno de los muchos caminos o playas desiertas que guardan,  seguramente,  el eco de nuestros pasos y el calor de una amistad verdadera…   

        José Angel Fernández Díaz.  pasos[1][1]

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K
Pues no dudes en pedírselo, nunca es tarde y no dejes pasar mas tiempo, y ojala yo hubiera podido ser un Víctor en tu vida pq tu para mi tu si lo eres.....un abrazo
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