Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Somos, ¿qué somos?...
El miedo, la rabia…ira, pasión… desconsuelo…
Somos acaso un poco de todo y todo un poco, cada vez que acontece con furia o parsimonia la circunstancia nuestra o la de aquellos otros que pueblan el universo en el que discurre el tiempo que nos toca vivir…?
Somos, probablemente, un trozo de trazo tímido en la pared de la realidad… dominados con la absurda idea o convicción de dominadores…?
Somos roca a la que golpean el mar y el viento con antojo perverso y constante y que parece no ceder o perder en el juego de fuerzas,… solo parece…?
Somos gaviota herida por el aliento de la tormenta… acaso atrapada en la playa cubierta por cielos plomizos y lluvias intensas y súbitas derrumbadas sobre el todo …?
¿Qué somos?...Somos …
Intensas pasiones, contenidas rabias, inconfesables desconsuelos, inmensos miedos, inconmensurables alegrías, a veces… somos…
Casi siempre somos lo que la circunstancia nos deja ser… y somos felices porque nos suponemos libres y dueños de la tormenta… la tormenta que atrapa y contiene las ansias de volar…
Somos gaviota herida por las flechas feroces de la tormenta…
Somos a veces una espera … la ilusión permanente de que la tormenta ceda, solo, tan solo para volver a volar…
José A. Fernández Díaz.