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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Querido Fran

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                Querido Fran, amigo, poeta… ya no se cuanto tiempo ha pasado desde que dejaste de escribir sobre aquellos papeles que emborronábamos juntos, y también sobre las líneas de la vida. No se Fran, solo sé que, de vez en cuando se me llena la memoria de ti y de aquellos años donde parece que resultaba mas fácil soñar. Supiste irte a tiempo… tal vez ese era tu plan. No, seguramente no; estabas muy enamorado de aquella rubia de ojos claros, amiga de mi morena favorita; ambas inocentes culpables de muchos de nuestros versos y algún que otro relato.

                Sabes, amigo… sabes  Fran, ella sigue soltera. No sé bien si es que no ha encontrado al amor de su vida o en algún momento descubrió que habías sido tu y aún te espera. Dicen que las mujeres siempre llegan tarde. Igual es eso, Fran… pero tú, poeta, ya no tienes voz para dedicarle  caricias y lo que algún día escribiste para ella,  reposará, seguramente, entre los recuerdos de tu hermana o tus padres. Yo tengo versos tuyos en la memoria, asociados siempre a las ganas de vivir y disfrutar torrencialmente de cada minuto.

                Ella, amigo, sigue soltera y aquel tugurio donde no solo nos prohibían cantar sino que además vendía la mejor mistela de la comarca, aquel viejo e inexplicable local oscuro y entrañable donde me la contabas y recontabas, ha desaparecido hace ya algunos años. Ella, tu rubia de ojos claros, ha envejecido… pero yo mas. Tú, sigues igual. No te puedo recordar de otra manera. Y te recuerdo, amigo, muchas veces, demasiadas para ser tan pocos los años que la vida nos regaló para conocernos. Fueron intensos y más aún porque ambos teníamos la mala costumbre de pasear por las calles de la realidad con el alma desnuda. Cuando nos encontramos por primera vez, no sé si lo recuerdas, yo leía, tirado en una escalera, con las gafas colgando a media nariz, “Palabras y Sangre” de Papini y tú te sentaste a escribir uno o dos escalones mas abajo… Me gustó ver como doblabas en dos partes iguales los folios. Yo hacía exactamente lo mismo. Te vi y me vi reflejado, bajo la triste luz del pasillo y al amparo de una tarde noche de otoño. Teníamos que ser amigos … y fuimos amigos.

                Como buenos y empedernidos soñadores, estábamos enfermos de amores imposibles. No tardamos en descubrir que tu rubia de ojos claros era amigo de mi morena de ojos negros y tímida a rabiar. Me gustó cuando dijiste: “eres tu el que deja una flor de vez en cuando sobre su pupitre”… descubierto por alguien dispuesto a perpetrar el mismo terrible delito contra la lógica material. Teníamos cosas en común y no tardamos en encontrarnos entre sueños. Tu rubia y mi morena estaban siempre juntas y tú detrás de algún libro disimulando ardientes miradas.

                Una noche  de crudo invierno, habíamos huido de clase para contarnos holgadamente hasta que punto íbamos perdiendo la cordura y a leernos mutuamente esas palabras que tenían como blanco el corazón de las mujeres que amábamos en silencio o ruidosamente… tu escribías  con rima y yo sin ella. Eras un poco hortera, Fran. Me gustaba lo que escribías, pero te perdían las rimas… Es broma, poeta; sabes, que nunca fui capaz de despreciar nada que saliera de tus sentimientos. Aquella noche de crudo invierno, creímos morir de frío primero y luego de pulmonía. Nos cansamos de esperar a que salieran, bajo el frío y la lluvia… y no salieron porque no habían entrado. Terminamos por enterarnos que aquella noche habían visitado nuestro tugurio y nosotros, que teníamos ganas de cantar, decidimos, irnos a Cazadores, aquel otro rincón nuestro. Por cierto, Fran, Cazadores aún existe y subsiste. Ya no es lo mismo. Desde que te fuiste, volví solo algunas veces, solo unas pocas y nada mas… no estabas amigo y me faltaban razones para estar allí. Con el tiempo encontré otras; me enamoré de una rubia, que no llegaste a conocer, y que me enseñó a llorar de amor correspondido a veces si a veces no. Era preciosa, Fran, y me enseñó a besar con los ojos abiertos, pero con la luz apagada…

                Hoy, Fran, se me hace un poco tarde… solo quería decirte que tu rubia aún está soltera…    

                José Ángel Fernández Díaz.

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J
Gracias Richi.
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R
Cuando escribes de cosas cercanas a ti, es cuando el trazo me resulta más acertado.<br /> Este me gusta de los que más!!<br /> "Eras un poco hortera Fran!"<br /> Bien!!<br /> Una puntualización: Cazadores(como cualquier otro lugar) sigue siendo el mismo y no cambia. Cambian las personas, pero no te engañes, no cualquier tiempo pasado fue mejor.....eso decían los padres<br /> antes, no caigamos en sus errores!!<br /> Un saludo Angelito y enhorabuena!!
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