Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Aprendieron juntos que la vida tiene días en color y también en blanco y negro; descubrieron un día que al sur del corazón, justo por debajo del ombligo, algo que no necesariamente es amor, se manifiesta con estruendosa parafernalia e incómodos finales. Hubo un tiempo en que se encontraron con que existían herramientas que podían variar la forma de mirar el mundo y de entender las sinrazones que lo mantenían en marcha… del mismo modo que una mañana se percataron de que estaban profundamente solos en el universo, pese a la preocupación de los hombres por crear padres protectores…
Tras un largo camino como amigos, una tarde al final del verano, desnudos sobre la arena de una playa desierta, descubrieron que podían amarse, como si se hubieran encontrado de repente, aquella tarde, bajo el sol…por primera vez.
Aquella tarde acariciaron con la mirada las pieles curtidas por el mismo sol; exploraron contornos y pliegues… Encontraron que eran partes complementarias, iguales, pero complementarias. No hubo palabras; decidieron probarse en silencio… y para cuando conocieron sabores y calores, la noche había avanzado prudentemente. Eran siluetas culpables, figuras dudosas, límites confundidos, sentimientos encontrados…
Fundidos piel con piel, piel en piel, amantes silenciosos, regalaron a la noche tibia y estrellada, el glorioso espectáculo del amor nuevo, desbocado, indetenible; hasta caer rendidos por el cansancio y el sueño.
El sol de la mañana, saludó desde el lado opuesto al horizonte, a los amantes abrazados… Despertaron, se miraron a los ojos, recordaron y volvieron a mirarse… Descubrieron al tiempo que ya no eran amigos, que habían ido mas allá tal vez para siempre; tal vez hasta que encontraran el amor en otra parte, tal vez… Y volverían a recuperar la amistad?...
Es posible que aquella primera vez tuviera también la condición de última. Hablar como amantes por primera vez era también hablar como amigos por última vez. La vida que seguía impartiendo clases magistrales a dos de sus alumnos mas rebeldes…
José Angel Fernández Díaz