Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Hoy he vuelto a llorar. Y lo haré siempre que sea necesario y justo, siempre que me apetezca por impotencia o cuando tenga que ser sin más.
Esta vez ha sido como siempre, un nudo en la garganta, las palabras que no quieren salir, la mirada que se anega y por fin las primeras lágrimas.
Han sido las imágenes, esas imágenes otra vez y el laberinto de horror e injusticia que no tiene salida y que crece sin medida.
Apenas una reseña en las noticias, después de la crónica diaria de un sanfermin que me interesa menos que nada y esa otra historia donde dos docenas de adultos pelean sobre un campo verde esperanza… justo después y como si no fuera para tanto los restos tras el bombardeo y los niños… los niños asesinados por el odio omnipotente y omnipresente de quienes parecen haber perdido la memoria en los campos de concentración.
José A. Fernández Díaz.