Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Llámame insensato pero llámame a una hora decente. Es que tengo la mala costumbre de echarme a soñar contigo cuando se que me vas a despertar… y despierto con tu voz al oído como si se tratara de una sublime catarata de quejidos y susurros cálidos, mansos, placenteros, que me arrancan del enjambre de sabanas, folios vacios, alguna fotografía sin terminar y muchas pesadillas en forma de facturas por pagar… ¿Qué quieres que te diga?... ¿que siento que me quieres o que siento quererte hasta saber que te duele?. Soy un corazón inconcluso que está atrapado entre las pieles que disfrazan al tonto que se pasea disimulando su condición de espíritu libre de toda culpa, mas por ignorante que por inocente. Imbécil a tiempo completo y pluriempleado en las artes de conquistar paisajes con la mirada fija entre el cielo azul provisional y la corteza de algún árbol de donde cuelgan los frutos amargos de algunos amores derrotados.
Te he contado que duermo pensando en ti y despierto intentando recordar donde me quedé. Algunas veces paso el día entero buscándome y, cansado, termino por prepararme un café bien cargado para lavarme la mirada hasta con abundantes abluciones nada recomendables para espíritus excitables. ¿Si me sabes para que quieres seguir aprendiéndome?, terminaré por aburrirte hasta que mueras en mis brazos pacíficos y desnudos y luego no sabré que hacer contigo. Soy un torpe ilusionista y un mal mago… soy vago e iluso y un jugador empedernido de cartas escritas para conquistar corazones inventados.
Llámame si quieres pero quiero que sepas que todo esto que te cuento es culpa del fugaz contenido de una o dos botellas que ya no puedo compartir contigo.
José Angel Fernández Díaz.