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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Mosa, mosa...

          mosa-mosa.JPG   Pues bien, invadida la mesa del comedor con toda mi parafernalia portátil, al efecto de adelantar un poco de trabajo  atrasado, desperté la curiosidad del pequeño Lucas.  Miró mi ordenador que entonces tenía abierta una aburridísima hoja de cálculo y comenzó a cantar mirándome a los ojos, lo que intuí era ese perturbador tema que no se bien si se llama como el lo canta “mosa, mosa” o bien  “si eu te pego”…   Al poco tiempo se fue cantando y gesticulando con los brazos,  mientras  yo volvía a mi trabajo…

                No tardo en volver; ocupó una silla junto a la mía y comenzó a jugar, con uno de sus coches favoritos,  sobre y entre mis papeles … imitaba el sonido de las intermitentes  y el del indicador  de marcha atrás que tienen  algunos coches y camiones. Cuando se encontró con el ratón abandonado a un lado del ordenador, lo cogió entre sus manos y se dedicó a pulsar botones mientras yo despistado consultaba una duda en un manual… Cuando volví  al ordenador me encontré con el fondo de pantalla y todo mi trabajo perdido en algún lugar  imposible…

                Intenté comportarme como un padre pero Lucas, consiguió doblegarme cantando una vez mas “mosa, mosa”… Volví a empezar cuando observe como se alejaba…

                Volvió y, mirándome fijamente a los ojos se sentó a mi lado con un flan y una cuchara. A juzgar por las expresiones le estaba gustando mucho. Me ocupé de alejar el ratón. Pronto terminó con el flan y tomó algo de la mesa, lo puso en el suelo y para cuando miré encontré que se trataba de mi calculadora. Solo cuando dijo: “mila papá”,  fui consciente de que se había subido al pequeño aparato, dejando libre  tan solo  la pantalla. Mientras me miraba a los ojos decía: “mila, una peeeesa, una peeeesa papá”, y miraba a la pantalla como si se tratara de una báscula de baño…

                Llegue a la conclusión de que algo estaba fuera de lugar y además era imposible. Entonces recogí mis papeles, apagué el ordenador, recuperé mi báscula de baño, antes calculadora, tomé a Lucas entre  mis brazos y le pregunté mirando a su carita de pícaro saboteador… ¿Qué? ¿Nos hacemos un bocata?...

José Angel Fernández Díaz.

 

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