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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Magia

                 luna-4.JPGSiempre he pensado que la magia que hacen los magos sobre el escenario tiene algo que ver con la fe.

                Cuando llevábamos en la sala cinco o seis minutos, el mago anunció que había hecho desaparecer el día… Alguien salió y pronto volvió  para confirmar que aquello era cierto. Aplaudimos impresionados.

                Tras una breve presentación el mago se interrumpió para explicarnos que mientras hablaba había hecho aparecer una grande y  hermosa luna llena sobre el cielo estrellado... Alguien nos sorprendió cuando, al volver explicó que la noche era muy clara, plateada casi y que al mirar al cielo había descubierto una inmensa luna llena. Aplaudimos pues el mago lo había conseguido otra vez…

                Luego fueron trucos  mas sencillos y tradicionales como hacer aparecer y desaparecer pañuelos o cambiarles el color… Me llamó la atención que alguien tuviera que apagar la luz de la sala para que el mago pudiera hacer uno de sus trucos en medio de la oscuridad. Si pudo hacer desaparecer  el día cómo es posible que no pudiera apagar la luz sin ayuda?... Cosas de magos –pensé-.  De cualquier manera mis pensamientos se disiparon  con la belleza de aquel truco. Una luz ultravioleta  apenas dejaba ver al mago pero se apreciaban  claramente cuatro cuerdas de colores con las que nos  dejó realmente impresionados… Aplaudimos, claro.

                Cuando el escenario se lleno de luz volvimos a aplaudir, tanto como cuando el mago convirtió un billete de cinco euros en otro de cincuenta… casi nada. Pensé inmediatamente que debe ser muy agradable y placentero ser mago porque con esa facultad podría fabricarse su propio sueldo sin trabajar o ayudar a los países pobres….

                Uno tras otro los trucos se fueron sucediendo entre risas y aplausos hasta que llegó el final.  El mago se despidió y salimos. Eran las nueve y media de la noche aproximadamente. Miré al cielo y me llamó la atención que la inmensa luna aún seguía allí, donde la había puesto el mago…

                José  Angel Fernández Díaz

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