Overblog Todos los blogs Blogs principales Estilo de vida
Edit post Seguir este blog Administration + Create my blog
MENU

Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

Publicidad

Junta Extraordinaria (I)

 

                Un día cuando tenía quince años Bárbara decidió que quería ser simplemente espectaculjunta extraordinariaar … y lo decidió sin querer. Tomó como ejemplo a sus padres; decidió no ser como ellos. Ella quería que la miraran con envidia y deseo; quería conocer gente interesante y tener muchos amigos. Cuando cumplió dieciocho ya había conseguido un cuerpo hermoso, fruto de dieta y gimnasio,  que adornaba con ropa de marca, un teléfono que no paraba de hacer ruido y un coche del que no estaba del todo orgullosa pero que por desgracia  marcaba  la altura de las posibilidades de sus padres. Había abandonado el instituto aunque seguía visitándolo de vez en cuando, para no perder el contacto con algunas de sus amigas y amigos. Su horizonte estaba claro: cirugía para ponerse a la medida de algunas cosas y buscarse un trabajo acorde a sus expectativas … solo eso. No tenía interés por nada que no fuera afín a la búsqueda de la belleza mas tangible y relativa: la física.

                Había conocido docenas de variantes de falaces amores, pero no sabía que desconocía el verdadero abismo mágico donde los sentidos se pierden y confunden con los del otro… Se había regalado a la pasión posada sobre pieles bronceadas y dibujadas a cincel sobre cáscaras sin sentimientos para trascender. Vivía ocupada entre las horas de una vida terriblemente llena del vacío más inmenso; vivía aparentemente feliz.

                Un día, tras la comida,  su padre cansado de sostener una vida excesivamente costosa e intrascendente, consideró necesario que Bárbara tuviera algún tipo de responsabilidad. Sacó de una carpeta un papel  al pie del cual escribió algunos datos y luego firmó. Se trataba de una convocatoria para acudir a una junta  extraordinaria de la comunidad de propietarios del viejo edificio,  donde  sus padres tenían un piso que habían heredado de una de las abuelas. El padre como titular, la autorizaba para que acudiera y votara en su nombre. Bárbara supo entender que no podía negarse. Aquel edificio casi ruinoso no era de su agrado y los vecinos, todos mayores mucho menos; era deprimente.

                Tomó el papel, miró la hora, hizo algún que otro gesto y salió a la calle para pasar la tarde con sus amigas. La junta era a las ocho y media en primera convocatoria y media hora más tarde en segunda. Que manera de estropear la noche- no paraba de pensar-.

                Cuando el reloj rozaba las ocho y veinte se acercó al portal. La luz estaba encendida pero no había un alma. Quizá la han suspendido –pensó-. Entró y se encontró con que en las escaleras un hombre se entretenía leyendo un viejo y destartalado libro. Lo miró sin decir nada; el levantó la mirada y saludó con un tono de voz agradable y pacífico para volver pronto a su lectura. Bárbara detalló en que aquel hombre podía tener doce o quince años mas que ella; su aspecto era descuidado y gracioso. Las gafas colgaban sobre su nariz como si quisieran huir, tenía los calcetines desparejados, ambos grises pero de distinto tono, el pantalón vaquero, gastado y sin marca… de esos que venden en los supermercados, una camisa de cuadros con su camiseta blanca por dentro y un viejo portafolios de cuero apoyado en el escalón…

                El portal había sido conquistado por las últimas luces de la tarde. El suelo había perdido una buena parte de su pavimento y las paredes acusaban humedades y grandes deterioros, la puerta de uno de los buzones estaba abierta. Olía a humedad, pero alcanzaba a percibir un agradable perfume que  se movía entre las olas de silencio cada vez que aquel hombre pasaba página o cambiaba de posición. Se descubrió respirando profundamente aquella fragancia.

                Miró el reloj casi al tiempo que lo hacía el. Eran las ocho y cuarenta. Se encontraron e intercambiaron un gesto de impotencia. Ella no podía creer que aquel hombre dedicara tanta atención a su libro y ninguna a la belleza que tenía justo enfrente.

                -¿Cómo es  posible que estemos tan solo tu y yo? ¿la junta no comenzaba a las ocho y media?- dijo Bárbara casi sin  pensar-

                - En primera convocatoria. Yo no cuento, soy el Administrador. En realidad estás tu sola. Supongo que el resto de los propietarios no tardarán en llegar.

                - No vives aquí?...

                -No, yo solo administro la finca. Tu tampoco vives aquí.

                -No, yo vengo de parte de mi padre.

                -Resultas ajena a todo este lugar… tu eres poesía y esto es solo una colección de grises pesadillas –leyó o pareció hacerlo en medio del silencio…

                -¿qué?

                -Disculpa, leía en voz alta. Y si me preguntas que hacemos aquí, solo te puedo decir que nada bueno ni nada malo. Tu continuas atrapada en tu mundo falso y yo me regodeo sobrevolando sueños ajenos entre líneas…

                José Angel Fernández Díaz     

Publicidad
Regresar al inicio
Compartir este post
Repost0
Para estar informado de los últimos artículos, suscríbase:
Comentar este post