Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Ingratas y perversas nubes de tormenta ocupaban, con la prisa que lleva el viento, el cielo que miramos.
Alicia se vuelve y me mira mientras me abrazo a la guitarra, acostumbrada a semejantes situaciones, a golpe de largos días y noches de trasiego. “Toca algo” – me dice-… Y sin apenas meditar, arranco los primeros acordes de “stairway to heaven”, que pronto se lleva el viento frío del invierno…
Alicia se acerca un poco mas y respira con placer al borde del corazón que sostiene mis días.
Ella canta conmigo en un inglés ciertamente casero, pero mejor que el mío, aprendido de oído y sin traducción posible.
Unidas las voces parecen explicar que solo tienen intención de abundar en la belleza del entorno y no atentar contra el equilibrio entre naturaleza desbordante y soledad.
Una ola de paz y alegría sin contención nos ayuda a ver pasar sin que apenas nos perturbe un gran grupo de nubes de tormenta…
Cuando desperté el señor concejal aún seguía allí con su catálogo de muestra a la carta y toda la anacrónica y amarga parafernalia de ideas sin revisar, desplegadas sobre la mesa del salón de plenos…
Mientras miraba al farsante recordé una parte de la canción con la que soñaba y que traducida dice:
“Hay una señal en la pared
José Angel Fernández Díaz