Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Puede que alguien más hubiera visto llover y escuchado llover, y también puede que alguien más se apure a decir que las calles tenían una curiosa luz, alargándose sobre los charcos y riachuelos que corrían, con torpe locura, buscando el mar probablemente. Puede que no fuera yo el único, es posible, pero, sin duda, solo yo me he fijado con tanta atención en un puñado de frases que navegaban calle abajo, arrastrando poco a poco otras que resistían mas mal que bien a la intensa corriente. Solo yo me ocupaba de hacerlo mientras el resto de seres humanos corrían bajo sus paraguas huyendo de la lluvia.
Sentado al pie de una farola, miraba como la ciudad iba cambiando poco a poco, al tiempo que una ruidosa tromba de agua se desplomaba sobre el suelo de la realidad mas a mano y yo, maravillado, me dejé estar y conquistar por cierta sensación de exquisita libertad; como cuando era pequeño y huía al patio del colegio para ser herido de suerte por la furiosa descarga de las nubes o nubarrones, o cuando, pasados los años, me hice mayor y decidí estrenar el amor, sobre la arena, penetrada furiosamente por las agujas de cristal de una tormenta inolvidable. Aprendí, pues, a leer frases de esas que discurren sobre el agua de lluvia, un día que confundí lluvia con magia. Desde entonces veo llover siendo parte de la lluvia, porque me he percatado que de paseo, bajo el paraguas, no existe la magia. También decidí no madurar para ser capaz de seguir soñando bajo la lluvia.
Puede que a alguien interese saber que dicen esas frases fugaces que se encuentran con otras hasta descolocarse y crear verdaderas sopas de letras. Tengo una memoria terrible pero creo recordar que hoy fui capaz de leer “no somos esperanza perdida” y “tomaremos las calles para reconquistarnos”… también, creo “no me leas desde el balcón, ven conmigo a pasear entre la gente, ven y grita”. Casi nadie me cree cuando cuento estas cosas, pero me ven bajo la lluvia disfrutando de mi libertad rescatada. Conozco las caras de quienes viajan bajo los paraguas y también de las de aquellos que aprovechan las cornisas y los portales, para aventurarse entre chaparrón y chaparrón… los conozco por que los veo y los he visto. Y, cómo no, las de unos pocos que ven llover desde el centro de la lluvia mirándola a la cara.
Hoy he visto llover…
José A. Fernández Díaz