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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Besos (I)

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                Hoy me ha dado por recordar cómo fue mi primer beso.  Me he puesto a recordar  y no resulta fácil. Ocupa mi memoria mucho más el gran primer beso  que el primero de todos.

                El gran primer beso  tuvo la luz de fondo, de una tarde de primavera, intensa y avanzada,  que entraba por las viejas ventanas de una  casita modesta. Había música y  la música era una mezcla, un equilibrio perfecto,  entre los gratos ruidos de la calle que se colaban por entre las cortinas, los leves ruidos del sofá y “entre dos aguas” de Paco de Lucia… también aquella respiración acelerada que no se bien si era mía, de ella  o de los dos. Fue primero la mirada intensa, insistente, interrogativa, suplicante y luego una lucha loca y desaforada para arrancarle una pieza de fruta de la mano.  Recuerdo  la piel fresca con sabor a manzana recién mordida  y luego el calor de la mirada tan próxima que apenas quedaba sitio para jurar que alguno de los dos tenía los ojos abiertos… yo no los tenía. No se besar con los ojos abiertos y no tengo prisa por aprender. Poco a poco aquella piel fresca se hizo de fuego y,  para cuando quisimos parar, ya nos lo habíamos dicho casi todo comiéndonos las palabras una a una. Enmudecimos aprendiendo a comunicarnos con caricias y suspiros compartidos. Decidimos no parar porque teníamos el sabor dulce de esa locura que hace que el mundo se nos antoje perfecto de repente y también, de repente, iluminado por la luz mágica de los sueños.

                Cuando abrimos los ojos el mundo aún seguía allí, pero todo lo demás había cambiado o eso me pareció a mi.

                José A. Fernández Díaz

               

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