Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Fue un encuentro súbito, intenso, inolvidable y paralelo…
Nuestras dos formas de mirar se encontraron con aquella hermosa mujer. Eramos dos maneras iguales de desear, dos deseos simples, primarios, poblando paisajes con nombre distinto, mirando un horizonte soñado…
Nos seducía el momento, el calor de la imagen, la paz al otro lado del vetusto ventanal…el insólito hallazgo entre las ruinas de nuestros propios sueños. Deseábamos encontrarnos con la mirada oculta que nos escuchaba en silencio y preguntar, tras confesar la derrota, el enamoramiento repentino, encontrado, imposible… quien iba a ser y quien no…
Escuchamos el color de su voz rebotar contra la luz pobre que llegaba desde el exterior e invitarnos a decidir quien debía abandonar el sueño y quien seguir soñando…
Era perfecta, cómo no, si poblaba un sueño, el pelo recogido, la piel desnuda, maravillosos rincones y pliegues, regalo de la luz y la sombra… un gesto casi de oración con las dos manos unidas sobre el cristal… un regalo, una grata imagen inventada por nuestro sueño común, que nos obligaba a decidir o a ser elegidos…
Sin embargo un gesto de su voz, el tiente de alguna palabra suelta… me hizo reflexionar. No era para mi…
Has ganado, es para ti… sabes que es para ti como yo sé que no es para mi…
Me preparaba para volver sobre mis pasos y despertar a la monótona realidad, realidad de hombre atrapado en sueños pesadillas mientras ellas, las dos comenzaban a amarse con frágil dulzura…
José Angel Fernández Díaz