Un acuerdo tácito entre lo que yo quería y lo que quiero.
Una ventana orientada al paraíso con vistas al futuro.
La cálida brisa que viene de la sala de máquinas donde naufragó mi corazón.
La carne que nunca me comería sin el pan de la pasión.
Una palabra clave para llamar la atención de los días sin voz.
Una flor que tiene el color del estado de ánimo de quien bien te quiere.
Una sonrisa vuelta al revés de la tristeza.
Una canción con la letra de la que están hechos los sueños de los que no pueden oir.
Un bosque de olas que florecen sobre la espuma blanca de la tarde.
Una playa tapizada con las páginas de los libros que amo.
Una esquina donde confluyen la esperanza y la nostalgia.
Un verbo herido de muerte con un dardo impregnado en crema pastelera.
Mi revolución pacífica y la bandera que quiero para adornar nuestra república independiente.
Mi ideología y mi religión; principio y fin de lo que me define.
La madre de la piel que amo con sabor a domingo de verano.
José A. Fernández D.