Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
No paraba de buscarse en el interior del espejo inestable que el agua ofrecía. El sol del atardecer acariciaba los límites de la piel que lo contenía, teñía de oro el susurro de cada poro y los hilos que ataban aquella respiración suya a la vida generosa.
Las manos curiosas intentaban atrapar el contenido de aquel reflejo familiar en el interior de las aguas o tal vez al otro lado del espejo… Al levantar el fruto de su reflejo encontraba que se deslizaba entre sus dedos sin entender como podía suceder tal cosa.
Un leve golpe sobre el agua hizo desaparecer la imagen y desconsolado rompió a llorar … cuando retiró las manos, sin apenas experiencia, que limpiaban las lágrimas aquellas, que súbitamente cegaron los ojos a rebosar de cielo y sol; sorprendido, descubrió que estaba otra vez allí, sobre el cielo frio del espejo efímero…
José A. Fernández D.