Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Un misterioso tren salía hacía el año 2046 desde 1984. El amor es cuestión de tiempo. Amarse en 1984 era un sacrilegio, un comportamiento enfermizo penalizado… Quien buscaba el amor físico tradicional terminaba encontrándose frontalmente con terapias de choque… entonces decidimos huir a 2046, escapar del Gran Hermano, de aquella existencia gris y firmemente controlada. Camino a 2046 nos invadió la memoria el tiempo vivido en 1984:
¿Por qué el odio tiene que ser menos vital que el amor?
- ¿Cuantos dedos ves aquí Winston?.
- Cuatro.
- ¿Y si el partido te dijese que son cinco?.
- Te estás pudriendo, Winston. Te estás desmoronando. ¿Qué eres ahora? Una bolsa llena de porquería. Mírate otra vez en el espejo. ¿Ves eso que tienes enfrente? Es el último hombre. Si eres humano, ésa es la Humanidad.
“Libertad es poder decir que dos y dos son cuatro.”
Por eso huimos hacia 2046…
Por la megafonía del tren se escucha: “El párrafo 201 de la Guía de pasajeros advierte que el área 1224-1225 es especialmente fría, por lo que la calefacción del tren no está suficientemente alta. Se advierte a los pasajeros que se abracen unos a otros para mantener el calor.”
El amor es una cuestión de oportunidad, de nada sirve encontrar a la persona idonea demasiado pronto o demasiado tarde.