Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Encontré a mi niña sentada sobre el alféizar de la ventana, acariciando cariñosamente a su gata. La luz de la tarde invadía con fuerza el interior de la sala y dibujaba curiosas sombras e islas de luz a su antojo… El tiempo era apacible y placentero, la realidad parecía haberse detenido en aquel instante y, todo cuanto traía conmigo, toda la rabia, indignación… miedo… desapareció de súbito. Quise mirar en silencio y en silencio miré, mientras ella, despistada, dirigía una reprimenda a su querida Lola. Quise mirar en blanco y negro y en blanco y negro miré aquel instante maravilloso e inolvidable que me llenó de alegría…