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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Aurora no está

            Escalar-el-espolon-de-los-franceses-1-.JPG    Habían pasado tal vez cuatro horas desde el amanecer ciertamente hermoso, inolvidable… probablemente. Verificó cada componente de su viejo equipo, poco antes de mirar la pared desde abajo,  por última vez, antes de iniciar la escalada.

                Aquel muro  se le antojó  especialmente complejo, aunque no se parecía a  nada que no hubiera superado antes. Se calzó los pies de gato, colocó y aseguro el arnés; colgó las herramientas que iba a utilizar en la escalada y al final extrajo de la mochila la cuerda que acompañaría su ascenso seguro…

                El sol comenzaba a girar desde el otro lado del acantilado… pronto, en dos o tres horas,  probablemente, lo tendría cargando sobre su espalda…

                Inició el ascenso, cuidando cada paso, cada posición, cada agarre… no tardó en clavar el primer buril y colocar el primer mosquetón para colar el cordín de seguridad…

                Tras la faena, metió su mano derecha en la bolsa de magnesio que llevaba sujeta a la cintura, y luego la izquierda… una larga fisura facilitó el ascenso a través de los siguientes   cinco o seis metros… al final otro buril y una brevísima cornisa donde descansar. Entonces miró el manto rocoso al pie de la pared y el mar que comenzaba a alcanzar el lugar donde su aventura había comenzado… la marea estaba subiendo.

                Cuando el sudor en la frente le obligó a parar para retirarlo, fue consciente del tiempo transcurrido… el sol castigaba su espalda… la cima estaba muy cerca… esta vez escalaba solo. Aurora, inexplicablemente había abandonado lo que parecía ser una historia común para siempre. No había sido fácil encajarlo. Tal vez aún no lo había superado… tal vez. Se trataba de la escalada mas complicada de cuantas había emprendido aunque aquello  nada tenía que ver  con las peculiaridades de la pared…

                Mejor no pensar, no buscar mas preguntas para abandonar al lado de  respuestas desencajadas e inútiles. Se había ido y ya nada era igual. Algunas cosas perdieron sentido… muchas cosas en realidad… Aurora había dado sentido a las sinrazones que llevaba con el cuando se encontraron. Ya no estaban juntos… la soledad se había hecho con las calles de su existencia.

                Invadido por la nostalgia y decenas de pensamientos alcanzó la cima… respiró hondo antes de mirar el sendero vertical desde arriba, como tenía por costumbre. Miro una, dos  y hasta tres veces, para confirmar que la vista no mentía… Aurora estaba allí, al pie del acantilado… esperando a que bajara…. Entonces soltó la cuerda de seguridad del arnés y se dejó llevar por sus sinrazones al lugar donde Aurora no estaba…

                Epilogo:  Si aurora no está yo no quiero estar …

José A. Fernández Díaz.

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K
Guauuu....sin palabras...solo sentimientos y una que otra lagrima
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