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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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2047...mi parada

  2047.jpgLa tarde se deslizaba suavemente entre las calles, atajando entre edificios y plazas, emborronando la pacífica paleta del  otoño con  juegos de abundantes  grises y negros. Todo en calma –pensó-, y  se ocupó de improvisar un final coherente para la  breve aventura de aquel otro día cualquiera.

                Una de esas tiendas de segunda mano repletas  de libros, películas, música y algunos muchos trastos aparentemente inútiles, atrajo su atención. Esta era  nueva y en consecuencia algo menos desordenada y al tiempo  menos interesante;  pero igualmente sintió curiosidad. Entró y se extrañó de no encontrar el peculiar y entrañable olor de ese tipo de negocios… Pensó que aquel  pequeño detalle era cuestión  de tiempo.

                Saludó a la responsable de la tienda y comenzó,  sin mucho criterio, su singladura entre mares de libros y películas conocidos y por descubrir.  ¡Me llamo Eva!, -explicó la otra  única persona que habitaba aquel lugar-… El agradeció el detalle y contestó, sorprendido, que su nombre era Alejando… “cualquier cosa ya sabes”- dijo ella-…

                Quizá de visitar tantas tiendas similares encontró que gran parte de los libros y las ediciones concretas eran familiares hasta el  cansancio. Tomó en sus manos una buena edición de “El libro Negro” de Giovanni  Papini, miró el año de publicación el precio y decidió quedárselo.

                Cuando llevaba un buen rato entre los libros escucho como se abría la puerta de entrada y al poco tiempo la dependienta repetía la fórmula de presentación. Ya  éramos  tres en el interior de la tienda… Se trataba de una hermosa mujer morena de ojos negros e intensos, de sonrisa  generosa  y voluntariosa  en el intercambio verbal.

                Le escuché decir: “aquí, en la esquina verde, existen pocas tiendas de este tipo. Me gustan, no puedo evitar caer en la tentación… Me miraba mientras hablaba. Yo la miraba mientras escuchaba… nos mirábamos insistentemente.

                Me acerqué a ella pero  con la intención de buscar entre las películas… clavó la mirada en aquel  libro que iba a ser mío y sonrió. Escuché como decía,  “esperaré a que salga la película”… Esta vez sonreí yo, sin decir palabra.

                Una película atrajo  la mirada entretenida de ambos, 2046 de Wong Kar Wai… Conseguí llegar a la película antes que ella pero cedí… Ella la tomo entre sus manos, con el mismo cuidado con el que yo lo hubiera hecho y leyó: “un misterioso tren salía hacia el año 2046. Se decía que ninguno de los que fueron volvió jamás… los apasionados amores de su vida marcaron su renuncia al verdadero amor… 2046, donde todo termina… y empieza”… Al terminar suspiró y dijo: “la he visto unas cinco veces y volvería a verla muchas mas”… Era sincera. Decidí exponerme: “ha marcado mi vida y no igual que otras películas; no, con esta aprendí a soñar sin cerrar los ojos”…”tan solo alguno de los temas que componen la banda sonora me basta para rememorar no ya la película sino mi circunstancia personal”… Me extraño que Eva no intentará entrar en la conversación… lo agradecí.

                -Qué tiene está película que no fuéramos capaces de encontrar en otra? –dijo-

                -¿Fuéramos?-pregunté-

                -Si, también estoy atrapada entre sus paredes, entre su eterno viaje pasado-futuro y el amor, claro.-dijo-

                -¿Perdido?-pregunte-

                -Siempre perdido…al final, ausente con pesada presencia –dejó caer-

                Nos miramos intensamente y sin que mediaran palabras entendimos que estábamos solos y siempre enamorados, marcados…

                Al salir me despedí de Eva y de aquella mujer, espejo de lo que yo era… Volví a mirarla  a través del cristal; me miró … nos miramos y tras cerrar brevemente los ojos desapareció…

                La lluvia, en algún momento, había barnizado la ciudad para que las luces jugaran a su antojo… Caminé buscando ausencias entre los charcos y presencias en medio de las sombras. No podía olvidarla aunque si no fuera por el libro que llevaba en la mano, podría  pensar que aquello no fue otra cosa distinta a un sueño. “esperaré a que salga la película”…  Luego fue un café, la duda otra vez y mas tarde, algo tarde la necesidad de volver a casa.

                Decidí volver en autobús y el más próximo tenía su parada al pie de centenarios  árboles casi desnudos. Allí en un pequeño banco de piedra esperaba, sentada, una mujer, aquella mujer de la tienda… Junto a ella el poste de la parada llevaba escrito en grandes números 2047…   mi parada.

José Angel Fernández Díaz.

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K
....Entrañable....quiero ver la película....creo que tambien me enganchare al 2046
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