Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Crees que lo sabes todo y resulta que todo te sabe a nada…
Tres o cuatro golpes en la puerta, a pesar del timbre, para anunciar que llegaba el desorden y la gracia de lo que pierde su contacto con el mundo exterior … siempre con demasiada facilidad.
¿Y bien?... Resulta que ahí fuera llueve. Llueve con tanta insistencia que molesta a los espíritus pluviales, esos que encuentran en la lluvia una aproximación al romanticismo de manual. Todo esto de parte de un romántico desgastado por el uso inadecuado. Yo, sin paraguas, aterido de frío y sin amor… no se bien como he conseguido llegar aquí. Traigo cerveza en esta mano y cien años de soledad en la otra. ¿Qué prefieres?. ¿Un poco de cada cosa tal vez?...
Llovía con brevísimas intermitencias, desde hacía demasiado tiempo. Demasiado tiempo son muchos días cuando solo escampa por las noches. De un tiempo a esta parte , la parte de tiempo que nace, desde que el día muere y hasta que vuelve, tiene sabor a historias contadas intramuros. Ese hombre de la puerta y esa mujer que no lo esperaba al otro lado, se saben de memoria las historias que los contienen; pero se las siguen dejando caer entre las sustanciosas ruinas del día a día. Si no fuera así, la realidad tendría sus límites entre el aburrimiento de las desesperantes horas esperando el sueño y los innecesarios despertares.
Cuentan que el mundo se ha puesto a desmoronarse. Lo cuentan ahí fuera. Yo no entiendo a la gente. Y mucha gente cree que yo soy gente. Una señora que huía de la lluvia bajo los portales, se ha puesto a mirarme con interés. Tanto, que me he sentido halagado y le he dedicado uno de mis brevísimos versos envenenados de humanidad. Creo que apenas ha llegado a entenderme… me regaló un beso… mira lo traigo aquí, clavado en mi pupila azul. ¿No lo ves? … bueno, puede que no sea cierto. Últimamente me estoy aficionando a la mentira. Es divertido no decir la verdad y, además, está de moda.
He visto a Laura, desnuda en la ventana; dejándose mojar por la lluvia. Sabes que eso es cierto. Tenía los labios pintados como si tuviera la intención de besar para dejar una huella infinita. Me gustaban sus labios… sabían a fresa y sal. Me gustaba cuando hacía cosas con las palabras y deshacía los límites de los sueños con su estupendísima pedantería. Era lo que yo siempre quise ser antes de no ser lo que soy ahora o viceversa. Tenía en una mano, Laura, la manida carátula de uno de mis vinilos…y llovia.
Hoy he traído cerveza Japonesa. Me gusta que me tomen el pelo. Fíjate, justo aquí pone, muy clarito: “made in China”. Una vuelta al mundo sin ir mas allá del perímetro de seguridad de una botella. Japón, china … made in…¡Puff!.
Sabes, cuentan que ahora nos miramos más a los ojos. Llevamos la nariz y la boca tapadas y la mirada al aire. Lo decimos casi todo con lo que antes era un tanto accesorio. Antes era casi comprometedor mirar a los ojos… ahora es normal, justo y necesario. Yo no sé oir sin mirar a los ojos. De hecho estoy locamente enamorado de la chica que vende pescado en el mercado. Tiene una mirada que sabe a tormenta.
Terminaré confesándole mi amor desmesurado antes de que pueda ver lo mal que combinan mi boca y nariz. También le regalé un verso. Con ella lo hago casi todos los días. Espero tener versos para llenar muchos días de lluvia.
Veo que no tienes palabras para mi; entiendo que te aburra mi perorata; reconozco que hago mucho ruido con tantas palabras vacías, puede que sea mejor dejarme ir con mis cosas a otra parte…
José Angel Fernández D.