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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Natalia

Cuadro de María Almeida.

Cuadro de María Almeida.

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Si buscas la palabra justa, encuentras que las palabras tiene  la virtud de esperar a ser mas descubiertas que encontradas…  Claro que,  las palabras en las que pensaba  Natalia,  querían ser parte de la arquitectura de los versos que se le pasaban por la mirada, aquella vez, de las otras muchísimas veces, en que aterrizó con sus sueños,  sobre la paz dibujada a brochazos de una de esas tardes gratas de primavera.  

                Natalia se había hecho a la idea de que la soledad es una habitación abierta al universo. Tenía un mundo dentro de la mujer que podían ver los demás. Poseía un mundo secreto, conectado a un universo donde era feliz.   Había una libertad infinita en la aventura interior.

                Se enamoró una vez y una vez encontró que,  para amar de verdad, necesitaba que en su universo hubiera sitio para dos.  No era egoísmo, no era que no fuera posible… era que a quien había querido amar, no sabía sentir el calor de las paredes al atardecer, tras un largo día de verano, el olor de la piel de las naranjas en la frutería, el de la ropa secando al sol bajo una ventana cualquiera, las cosquillas que hace la espuma de las olas mientras paseas por la playa  y el rumor de la arena que cuenta historias de mares lejanos… y el viento que dice, que huele, que enfría y calienta. La música, leve, sutil, cadenciosa que se escapa pícara por entre las persianas de alguna casa habitada… Amar a quien no siente como ella es como obligar a tolerar la vida en blanco y negro.

                Si te conoces –Pensaba Natalia- , si confías en ti, sabes que la soledad es una opción, desde la que la vida te ocupa, te  conquista y te expone,  en piezas, a los sentidos del universo. ¿Para qué quieres otra historia distinta a la historia que te gusta vivir?... La tuya, la historia de un maravilloso monólogo con lo que sale de ti, de ti depende.

                Yo, si quiero y lo deseo,  dejo entrar por mis oídos todo el ruido de una tarde de primavera, sentada sobre el campo conquistado por la luz y el color. Cierro los ojos y escucho la brisa, los pájaros, los insectos, las hierbas rozándose y coqueteando con entre ellas… huelo los mil perfumes que me regala todo cuanto arropa a la poquita cosa que soy… siento como el viento los modula, los mezcla, se los lleva y vuelve a traerlos…

                Tiene, Natalia, un universo para pasear en libertad… El universo que lleva dentro.   

                José  A. Fernández D.

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