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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Infiel

Infiel
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Te da por pensar y lo haces. Recuerdas, porque salta alguna chispa y lo haces…

                Ella se había ido. Lo había hecho porque, aquella noche,  tocaba trabajar. El acababa de llegar, justo cuando ella salía. Un beso rápido con sabor a fresa y una maravillosa estala de ese perfume que ponía sobre su piel,  desde hacía muchos años,  y que  solo en ella olía así. El la vio entrar en el coche, escuchó una canción comenzada  de Aute y luego se alejó hasta perderse al final del camino…  Podía recordar centenares de despedidas como esa. Los años habían hecho colección.

                Entró en casa y encontró que en la sala, ella se había dejado encendida la luz de su rincón favorito para leer… una taza de té casi vacía y una nota brevísima: “ mañana va a  seguir siendo hoy… sabes que no voy a dormir, sabes que te voy a extrañar toda la noche”… Él tomó la nota,  que olía a ella,  y se la  llevó para leerla uno o dos pares de veces antes de guardarla en una de aquellas cajas que hacía en su tiempo libre, siempre con maderas encontradas en la playa. Volvió a la sala, tomó la taza de té, apagó la luz y se fue a la cocina.

                Aquella noche no tenía hambre.  Puso música, mientras preparaba una cafetera, con esa paz y tranquilidad que uno se encuentra al final de algunos días… pocos días; algunos días.  Sonaba Dylan, Bob Dylan… como aquella tarde, casi noche,   apacible,   de un otoño, perdido en algún día del año 1998. Aquel café, de madera y grandes ventanales, que miraban al mar algunas veces furioso y otras pacífico, tenía una atmósfera propia, tan propia que se quedaba allí al salir y no dejaba de estar siempre que uno podía volver, sin importar el año, la estación  o el estado de ánimo.

                Se acordó de una mujer a la que amó allí y con la que envejeció un puñado de años,  sin que la vida supiera traerlos al presente juntos. Aprendieron a amar a otros y, por fin, él por un lado y ella por otro, se encontraron con que si existe algo parecido al amor para toda la vida. Seguían siendo amigos y, algunas veces, mientras escapaban de sus trabajos para tomar un café, se permitían recordar cómo se habían amado y terminaban echándose unas risas… Se amaron. Se amaron mucho y bien;  pero preferían no tocar  las frágiles líneas que los separaban del pasado. Acuerdo tácito y mutuo… silencioso acuerdo.

                Aquella noche, después de Bob Dylan, de un café y una cerveza o dos cervezas,  de Supertramp y algunos otros; salieron a pasear por la playa. La luz del paseo que discurría paralelo a la playa, apenas alcanzaba a iluminar una pequeña franja de arena. Tiene algo de maravilloso y difícil  de explicar,  meterse en la oscuridad,  con dirección al  mar , volverse y mirar la luz que está allí lejos y cerca,  pero que no te alcanza.  Supieron que las olas estaban lejos. La marea había bajado y aquella inmensidad,  sobre la que se posaba un cielo tapizado de estrellas, era para ellos.  Olía a mar, a otoño… Olía a ganas de no saber de fronteras, pieles ajenas o sexos explorados y conquistados.

                 La memoria inflamada con lo que sucedió aquella noche provocó una excitación que le obligó a salir a la ventana, cerrar los ojos e intentar alcanzar el olor a mar que,  algunas veces llegaba hasta su casa…  Se tocó como si fuera  ella, como si  estuviera allí… como si esa noche fuera aquella noche.

                  De repente un gorgoteo creciente y un furioso olor a café… De repente la vuelta al presente, el regreso tras `la huida.

                  Llenó su taza echó azúcar y se fue a su estudio. Antes de ponerse a leer escribió una nota para su mujer: “ Mañana será otro día… hoy te he sido infiel con una historia de hace muchos años, un recuerdo, una idea, de esas que no quieres evitar. Yo te quiero, pero hoy me he dejado abierta la puerta del pasado.”

                  José  A. Fernández D.

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