Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Me gusta comenzar cosas y dejarme tirado, esperando a que me reprochen el final.
Me gusta bailar para adentro, como cuando respiro.
Me gusta ahorrar tiempos muertos y dilapidar ausencias.
Me gusta sentarme a oler el rumor de los libros.
Me gusta morder las manzanas con los ojos cerrados.
Me gusta hacer el amor los días de sombra.
Me gusta comprar colas de sueños cuando están de saldo.
Me gusta explorar miradas equivocadas de estación.
Me gusta elegir en que luna puedo aterrizar mis locuras.
Me gusta soñar con sirenas que hablan con el ritmo de las olas.
Me gusta ser el protagonista temporal de las películas que veo en soledad.
Me gusta el vino de Oporto cuando no estoy allí.
Me gusta la paz cuando el templo es el mundo.
Me gusta pensar porque pensar sabe a esperanza.
Me gusta cerrar libros con alguna lágrima dentro.
Me gusta la ropa interior de los melocotones.
Me gusta el viento que echa en falta las cometas.
Me gusta pensar a contracorriente.
Me gusta cuando callas porque sabes a beso largo.
Me gusta el reggae sin ton y con son.
Me gusta el cielo vacio y monótono sobre las ciudades de papel.
Me gustan los puentes entre países con idiomas distintos.
Me gusta la televisión apagada y tu mirada encendida.
Me gusta escuchar mentiras arriesgadas.
Me gusta dormirme mirando morir la tarde.
Me gustas tu, sola-mente tu.
José A. Fernández Díaz