Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
En el discurrir de la huida perdió un ala y, cuando quiso volar otra vez, solo fue capaz de hacerlo en círculos. El animal que perseguía ángeles no tenía mejor intención que la de verificar si tenían o no sexo…
El, apenas un par de ideas fijas, buen coche, ropa de marca, dinero suficiente y poco o nada mas. Nadie en el barrio hubiera llegado a pensar que aquel tipo era peor de lo que parecía… y lo era; lo era porque si y, además, porque la naturaleza del hombre hecho a imagen y semejanza de algún dios (eso dicen), tiene la cualidad, dudosa cualidad, de sentirse todopoderoso.
Ella, apenas veinte añitos y un par de ilusiones sin romper, nada a su nombre, con la salvedad de la inocencia que creía haber perdido. Todo lo demás, una farsa contemporánea, de moda, tal vez a la moda. Fotos y mas fotos de una vida terriblemente vacía con la que llenaba la vida de los otros.
Los dos, un encuentro con consecuencias …
Acorralada ella, ignorante ella, frágil y sumisa ella, feliz ella, rota ella, olvidada ella… dejó de querer ser lo que pretendía haber sido para enroscarse en la tristeza de otros ángeles con las alas rotas.
Miserable él, orgulloso él, cazador victorioso él, se hizo con una presa más para aquella infame colección de vidas robadas con la convicción de que la suya solo necesitaba trofeos.
En el transcurso de los encuentros sucedió que, la vida se hizo día y noche algunas veces hasta que la última vez no volvió a amanecer la inocencia…
La última vez amaneció el dolor y la rabia, la consciencia de hallarse prisionera, de haber sido cautiva de la sinrazón. La última vez la vida sabía al hierro de la sangre que no quería ser otra cosa que la paz fuera de sus venas…
José A. Fernández D.