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Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.

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Puestos a desmontar la vida, a ella y a el y al destino, terminaron por faltarles herramientas.

Decididos a trasladarlo todo a otra parte, encontraron que la otra parte no los esperaba.

Despiertos tras el relámpago, roto el sueño, dedicaron tiempo a contarse menos mentiras.

Mientras llovía sin parar… se pararon a pensar cuantas veces habían bailado bajo la lluvia.

Olvidaron lo inútil, por mutuo acuerdo; pero no supieron concluir si habían acordado olvidar por mutuo acuerdo o por mutuo acuerdo olvidar.

Acostumbrados al sol… amanecieron esperando a que se pusiera la luna.

Acordaron adelgazar para estar mas juntos y luego se encontraron con que aquellos dos extraños querían estar con otros.

Ella dijo ¡ben! y el respondió ¡ya boy!… Por culpa de la ortografía no llegaron a ¡berse!...

Descubrieron que las canciones de amor están llenas de monotonía; tal cual el amor visto por los vecinos.

Aburridos de esperar a que llegara la primavera, se fueron de paseo por la luna.

Cansados de amar a otros, entretanto, plantaron cara, entretanto, y se confesaron infieles, entretanto.

Adoradores de la tecnología, aparcaron sus naves al pie de un magnifico árbol, donde no pudieron recargar otra cosa que las esperanzas.

Ella y el eran como el y el o como ella y ella, mal mirados desde la distorsión natural del cristal anacrónico y sin limpiar.

Desgraciado el y desgraciada ella, iban por la playa dejando un efímero rastro en la arena con la arena de sus bolsillos.

Al darse la mano notaron inmediatamente que ambos no habían usado guantes para trabajarse la vida.

José A. Fernández Díaz

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