Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
Ella imaginó por un momento que siempre iba a ser verano…
El pensó que aquel tiempo era para siempre…
Ambos acertaron en imaginar y pensar pero equivocaron el contenido. El sol parecía perderse en el horizonte efímero, cuando, tras el amor como recurso al materialismo mas a mano, en un bolsillo del pantalón que uno de ellos no llevaba puesto, sonó una melodía inoportuna y, sin embargo adecuada: “stand by me”…
El buscó el teléfono y descolgó. Inmediatamente escuchó decir: “ perdona, sé que estas trabajando pero los niños tienen hambre y queremos saber si te esperamos para comer …
-No mejor cenar sin mi… aún tengo cosas que hacer…
Ella le miró desde la arena y buscó en su mochila. Llamó a casa para decir que la tarde se había complicado en el trabajo y que iba a tardar… “dale la cena a los niños y cena tu también…”
Entretanto el sol se ponía poco a poco sobre la línea imaginaria del horizonte y los dioses malintencionados se frotaban las manos mientras pensaban en voz alta:
“Bien por quienes no se saben engañados. Bien por quienes engañan. Bien por las esperanzas compartidas y la guerra en la paz… Bien por las farsas en el escenario y por los falsos horizontes donde el sol nunca se pone de verdad…”
José A. Fernández Díaz.