Allí donde los verdes son variados e intensos, los mares furiosos algunas veces y otras tan pacíficos que son como el cielo azul, allí donde la tierra tiene antojos, perversamente montañosa algunas veces, suave y generosa otras, escarpada y escabrosa cuando quiere, fértil siempre; donde el sol se esconde enamorando la mirada o encogiendo el corazón. Aquí estoy gustosamente atrapado y describo el reflejo de mis profundas intenciones... Desde Galicia, mi esquina verde.
La última vez tenía tan poca razón y tanto corazón puestos para ti, sobre la piel de nuestra cama , que hubiera bastado un “no” para desarmarme y conquistar la pequeña república de mis demencias.
A-fortu-nada-mente solo hubo un “si” sostenido, en pie de guerra, sobre la paz de mi beligerante manera de soñar… Y es que cuando sueño, cuando yo sueño, la realidad pasa de ser un objeto resbaloso a una ironía tangible.
Desde la primera vez la primavera se ha dado mas de un capricho, alargando su luz sobre tus sombras, que son pocas y me he recorrido tus antojos, hasta hacerme naufrago de los manantiales que te inundan. Si no fueras mujer, seguramente serias paraíso en el que perderse para siempre y no aparecer hasta nunca… Pero eres mujer de piel y sinrazones, en la que pierdo al insensato que soy y a su tiempo, que no le pertenece de ninguna manera. Y es que el tiempo perdido en ti es el universo conquistado o el no querer irse constante.
A-fortu-nada-mente no soy yo; eres tu la causa de mis ausencias. Cuando no estoy en mi es porque estoy en ti… en tu yo profundo y casi nada mas. Me llevo de paseo todos los sentidos y los lanzo a volar por el cielo de tus paraísos.
Eres mi locura sin diagnosticar y esa enfermedad de la que muero poco a poco sin remedio.
La última vez que morí en ti me costó tanto resucitar, que al día siguiente el amanecer se me antojó una pesadilla recurrente, inventada para algún dios vengador. Pero despierto de mi muerte dulce, recuperado de mi viaje a tus profundidades, me preparé para no ser mas que un yo con reservas , poco equipaje y algunos aviones perdidos…
A-fortu-nada-mente…
Nada…
Mente…
José A. Fernández Díaz